Publican un mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebra, como cada año, el 2 de febrero
Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada han publicado un mensaje de cara a la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que en este año, en clara referencia al Jubileo, se celebra con el lema Peregrinos y sembradores de esperanza. Un texto en el que invitan a los consagrados a «no ceder a las tentaciones de la cantidad o la eficiencia», en un momento marcado por la disminución de vocaciones y el envejecimiento.
«La esperanza que se fundamenta en Dios no se basa en los números o en las obras», explican, justo antes de ofrecer una serie de indicaciones en un doble sentido: misión profética y relaciones nuevas.
En este sentido, el mensaje episcopal señala que los consagrados tienen que seguir denunciando la injusticia, la falta de hospitalidad, la aporofobia, los atentados contra la creación… Y seguir peregrinando con los débiles, los indefensos y las víctimas. «Son y han de continuar siendo una voz profética coral», añaden.
En segundo lugar, piden que se promuevan relaciones nuevas, generadas y regeneradas en Jesucristo. Así, explican que la vida consagrada «debe ser capaz de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarse, encontrarse, tomarse en brazos, apoyarse, participar unos de la vida de otros, haciendo realidad una verdadera experiencia de fraternidad».
En concreto, señalan que las personas consagradas tienen que vivir la entrega generosa en las relaciones fraternas entre sí, con los pastores y con los laicos. Y los invita a un proceso de conversión para cambiar lo posible en lo que tiene que ver con las relaciones. Por ejemplo, «han de aspirar a un modo evangélico de afrontar las relaciones que se dan entre varones y mujeres, de modo que se respeten su igual dignidad y reciprocidad». También recogen la necesidad de establecer relaciones que se reparen integralmente a las víctimas de abusos y ofrezcan ayuda a los victimarios.
«En suma, las personas consagradas no deben cansarse de sembrar relaciones nuevas, y menos aún de esparcir semillas de novedad en las relaciones que precisan del impulso que solo puede dar el amor de Cristo y la reconciliación con el Padre, y con los hermanos», concluyen.
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