Los obispos españoles, reunidos en Asamblea Plenaria esta semana, han confirmado el compromiso por la reparación integral de las víctimas de abusos ya manifestado en la reunión extraordinaria del pasado 30 de octubre. Ahora lo han puesto negro sobre blanco en un mensaje dirigido a todo el pueblo de Dios y a la sociedad ante el drama de los abusos, titulado Enviados a acoger, sanar y reconstruir. Y lo han ratificado aprobando un itinerario para su elaboración.
«Somos conscientes de que no bastan las palabras. Nuestra acción continúa. Hemos trabajado el primer borrador del plan de reparación integral que cuenta con tres líneas de acción que estamos ya desarrollando: la atención a las víctimas, la reparación del daño causado y la formación para la prevención», recoge el citado documento, aprobado por unanimidad.
Una reparación integral que, en palabras del secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), César García Magán, es «psicológica, social, espiritual y económica». Sobre este último aspecto, si definitivamente el fondo del Estado no sale adelante, la Iglesia se hará cargo de compensar a las víctimas en su seno.
Petición de perdón
En el texto, los obispos vuelven a mostrar dolor y vergüenza y a trasladar su petición de perdón. Una petición de perdón que aparece varias veces. La primera: «Reiteramos nuestra más sincera petición de perdón a todas las personas que han sufrido debido a estas execrables acciones, especialmente a las víctimas y sus familias. También pedimos perdón a Dios, en lo que, como cristianos, no hemos sido fieles», reconocen.
Y la segunda: «Muchos de nosotros nos hemos encontrado con las víctimas de esos abusos. Hemos conocido su rostro, su historia, su nombre. Queremos hacernos cargo de su dolor encarnado. Les hemos pedido perdón, lo hacemos ahora y lo seguiremos haciendo siempre. Pedir perdón es reconocer nuestra limitación, nuestra pobreza, nuestra debilidad, nuestra falta de coraje. Sabemos que el daño y el dolor causados son imborrables, pero pedir perdón y perdonar es el primer paso para sanar las heridas».
Asimismo, son conscientes de que «el sufrimiento lo han causado no solo los abusos, sino también el modo en que, a veces, se ha tratado» y se comprometen a ser transparente en este proceso y a rendir cuentas ante las víctimas y Dios».
«Estos actos son incompatibles con los valores fundamentales de nuestra fe en Cristo, pues contradicen el amor, la compasión y el respeto que Él nos enseña y da fuerza para vivir. Suponen también una llamada a una profunda conversión personal y comunitaria», agregan.
En el mensaje se detallan, además, los pasos que la Iglesia ha dado en los últimos tiempos en materia de acogida y reparación —se han creado oficinas y realizado estudios—, de prevención y formación —elaboración de protocolos y la Instrucción sobre los abusos sexuales de la CEE— y de denuncia y actuación.
Un problema de todos
Con todo, los obispos señalan que poner el foco únicamente en la Iglesia «es desenfocar el problema», de modo que las recomendaciones y medidas no deben ser dirigidas solo a ella, sino a toda la sociedad.
«Creemos que el camino para poder sanar esta lacra en la Iglesia y en la sociedad es que trabajemos conjuntamente para construir entornos justos, seguros y compasivos, donde cada persona sea amada, valorada y respetada», añaden.







