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Los Premios Stella se transforman en una Misa por las víctimas

El obispo Alfonso Carrasco Rouco preside en la Clerecía de Salamanca una Eucaristía por los fallecidos en el accidente ferroviario de Urda antes de la entrega de los galardones del Consejo General de la Iglesia en la Educación

El obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, Alfonso Carrasco Rouco, ha defendido este miércoles que rezar por las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo) no supone una interrupción en el trabajo de la Iglesia en la educación, sino una expresión de lo que esta es. «No dejamos de cumplir con nuestro deber, no dejamos nuestro trabajo, no dejamos aquello que somos para hacer por el momento una pausa, sino que esto es lo que debemos hacer», afirmó en la homilía de la Misa celebrada en la Clerecía de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), que el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE) incorporó al programa de la primera edición de los Premios Stella tras conocerse la tragedia.

La Eucaristía, abierta a toda la ciudad, se ofreció por el eterno descanso de los fallecidos y por el consuelo de quienes sufren por el accidente. El CGIE había modificado además el resto de la jornada, con un minuto de silencio durante la entrega de los premios y la supresión del vino español con el que iba a cerrarse el encuentro, al que finalmente no asistieron el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves, ni la ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón.

Educar es «poner en común»

Carrasco explicó que la oración por los difuntos nace de la fe en una comunión profunda que impide contemplar a quienes han muerto como algo lejano. «Nuestro Señor murió por todos nosotros, nos sentimos todos partícipes del mismo destino, nos sentimos todos amados, salvados, unidos, en comunión», señaló, antes de insistir en que ni el sufrimiento de las familias ni la muerte de las víctimas pueden mirarse desde fuera.

A partir de esa idea, el obispo trazó un vínculo directo con la tarea educativa que se iba a reconocer después en el Aula Magna. «Al final educar es mirar a la otra persona y poner en común», dijo, y añadió que se trata de compartir con ella lo más verdadero y de «mirarlo con amor, mirarlo con esperanza a aquel que todavía tiene que crecer».

Las bienaventuranzas como camino educativo

Al comentar las lecturas, pidió para los fallecidos una vida incorruptible, ajena a los vaivenes y a los errores de este mundo, y se detuvo en las bienaventuranzas, que a su juicio no hablan de los éxitos que brillan por el poder humano sino de «las experiencias elementales del corazón», destinadas todas a la felicidad verdadera. En ellas vio una imagen de la misión educativa, que mira a la persona con la misma esperanza a lo largo de toda su vida, y llegó a calificar de «caminos educativos» las actitudes que propone el Evangelio, como la mansedumbre frente a la violencia o la búsqueda de la justicia. «La educación está destinada a la vida», resumió.

El obispo encomendó a Dios a los difuntos, «gente nuestra», y a sus familias, y expresó el deseo de que la celebración fuera un testimonio de que «todas las cosas se pueden vivir humanamente, adecuadamente, con la luz y la fe y la esperanza, cuando se cree en el evangelio y cuando se cree en Dios». Antes de dar paso a los premios, recordó que la educación no está separada del amor, la caridad y la esperanza, «y el amor, la caridad y la esperanza es aquello con lo que ahora miramos también a quienes han sufrido este accidente».

Los Premios Stella, que el CGIE reparte en nueve categorías, distinguen en esta primera edición, entre otros, al filósofo Francesc Torralba, al entrenador Luis de la Fuente, al ilustrador Fano, a la Congregación Salesiana por su trabajo en la FP de Grado Básico y al Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo, además de conceder un Premio Especial al V Centenario de la Escuela de Salamanca.

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