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Luis Ángel de las Heras: «La Iglesia necesita una vida consagrada menos preocupada por contar números»

El presidente de la Comisión Episcopal de la Vida Consagrada y obispo de León abre la 55.ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, que reflexiona sobre la reducción de efectivos

«La Iglesia necesita una vida consagrada menos preocupada por contar números y fuerzas y más decidida a afrontar la actualidad del seguimiento de Cristo, con paso lento y con bastón. Una vida consagrada que camina con cansancio y preocupación, pero con el corazón agradecido. Un corazón alegre y esperanzado como el del Resucitado».

Con estas palabras, Luis Ángel de las Heras, presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada y obispo de León, ha abierto la 55.ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, organizada por el Instituto Teológico de Vida Religiosa y que se celebra desde el miércoles y hasta el sábado con el tema «Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto».

De las Heras se ha congratulado por el hecho de que existan espacios como el de esta Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, en el que es posible pensar la realidad a la luz de la fe y el don de la vida consagrada, donde poner nombre a las preguntas y para dejarse iluminar por la Palabra y la sabiduría.

Así, ha invitado a abrir caminos nuevos, nuevas vías de futuro y esperanza para que los distintos institutos sepan «dar esperanza porque tenemos, llevamos y ofrecemos esperanza».

«La reducción tiene valores evangélicos»

Por su parte, el presidente de la CONFER, el dominico Jesús Díaz Sariego, ha subrayado la vida consagrada vive un kairós, un tiempo que el Señor necesita para hacer su voluntad. Porque no todo es voluntad humana y porque detrás de lo que sucede, ha abundado, «hay una voluntad de Dios que está por detrás». «Para eso necesitamos a la Teología de la vida religiosa, necesitamos la experiencia teologal de la vocación religiosa», ha explicado.

Con todo, ha defendido, pese a las dificultades, que la vida consagrada «sigue teniendo vitalidad y fuerza». Y ha continuado: «Los religiosos y las religiosas están allí donde hay una herida humana, donde nadie está, no solo desde el punto de vista geográfico, sino también existencial».

Entre los desafíos, ha subrayado la necesidad de ser hombres y mujeres de reconciliación y la transmisión a la nueva generación de religiosos y religiosas del cambio que vive la vida consagrada.

«Hemos servido a la sociedad, casi de manera omnipresente, con muchos religiosos. Fue el kairós para otros tiempos. Ahora estamos para servir a la Iglesia desde la minoridad, más desde la cualificación y la calidad», ha explicado. Porque, ha concluido, «la reducción tiene valores evangélicos».

Qué forma de vida religiosa se necesita hoy

En una línea similar se ha manifestado Adolfo Lamata, provincial de la Provincia de Santiago de los Misioneros Claretianos, impulsores del ITVR. En su saludo, ha invitado «a mirar la reducción no como una derrota, sino como un kairós, un tiempo oportuno».

«A preguntarnos no cómo recuperar lo que fuimos, sino qué forma de vida religiosa necesita hoy el Evangelio en Europa. A discernir qué debemos dejar ir, qué debemos transformar y qué debemos custodiar con más fuerza que nunca. La transformación no empieza mañana: empieza hoy, aquí, con nuestra disposición a caminar juntos, a soltar lo que pesa y a abrir espacio para lo que nace», ha agregado.

María José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, ha ofrecido dos claves reveladoras para afrontar la situación actual: «Aprender a quedarnos con lo esencial», la necesidad de desaprender maneras e inercias y la importancia de recrear la vida de consagración con el Pueblo de Dios.

Por su parte, Carlos Simón Vázquez, vicedecano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, ha subrayado que el desierto que vive la vida consagrada es una oportunidad «para escuchar la voz de Dios que siempre está presente en el caminar cristiano».

Así, ha apostado por ser levadura, sal y luz, que son elementos indispensables pero aparentemente imperceptibles, y ha recordado que «la Iglesia no es más Iglesia ni menos Iglesia por el número de iniciativas, casas, organizaciones…».


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