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Monseñor Vives Sicilia: «Hay que reemprender las peregrinaciones a Tierra Santa y visitar a las comunidades cristianas de Cisjordania»

El arzobispo-obispo de Urgel lleva viajando anualmente a Israel y Palestina desde hace dos décadas, y destaca que «la tregua ha llenado de gozo a la población, pero no creen que pueda durar»

Desde hace dos décadas, monseñor Joan Enric Vives Sicilia (Barcelona, 1949), arzobispo de Urgel, visita cada año a las comunidades cristianas de Israel y Palestina con la Coordinadora para Tierra Santa «para hacer llegar una voz de esperanza a nuestros hermanos que allí viven y sufren», según explica a ECCLESIA. Junto a él, en esta ocasión han viajado Nicholas Hudson, obispo auxiliar de Westminster y moderador de la expedición; Udo Bentz, arzobispo de Paderborn; Pierre Burcher, obispo emérito de Reykjavik; el anglicano Christopher Chessun; James Curry, obispo auxiliar de Westminster; William Nolan, arzobispo de Glasgow y Elias Zaidan, obispo de la Eparquía Maronita. Este 2025, además, a la Coordinadora le ha acompañado en su viaje la buena noticia de la tregua establecida el pasado 19 de enero y la liberación de algunos rehenes israelíes que Hamás mantenía secuestrados desde el ataque terrorista que dio inicio al conflicto, en octubre de 2023.

—¿Cuáles son los objetivos y con qué apoyos cuenta la Coordinadora para Tierra Santa?

—Del 18 al 23 de enero pasados, obispos de Estados Unidos, del resto de América y de Europa hemos estado visitando las comunidades cristianas de Tierra Santa. Cada año, esta Coordinadora se acerca al territorio con la colaboración del Patriarcado Latino de Jerusalén, la Nunciatura y otros Patriarcados y comunidades de cristianos allí presentes. Queremos hacer llegar una voz de esperanza a nuestros hermanos que allí viven y sufren, porque los cristianos, que son una cierta minoría, están repartidos en el estado de Israel y, sobre todo, en el estado palestino. A todos queremos apoyarles en su tarea.

—¿Cuál ha sido el resultado de la visita?

—Han sido unos días muy provechosos, visitando desde Aboud hasta Jerusalén, Efraín-Taybeh y Ramala. Allí, con la colaboración también de Cáritas Jerusalén, hemos podido conocer las necesidades de la población y el apoyo que ellos dan a todos, sin excluir a nadie.

—Es de suponer que la tregua ha marcado el viaje: ¿cómo se ha vivido allí?

—Después de un año y muchos meses de guerra, la situación es difícil y dura. Estamos en un momento complicado para todos los que buscamos y deseamos la paz. Gaza ha sido casi totalmente destruida y habrá que reconstruirla. Por eso hemos hecho un llamamiento a las autoridades internacionales, y especialmente de los estados allí presentes, para que apoyen la restauración de todo lo que es Gaza.

—Y la población local, ¿cómo ha recibido esta nueva etapa?

—El alto el fuego del 19 de enero ha llenado de gozo a la gran mayoría, aunque al mismo tiempo temen que no pueda durar en el tiempo. Ahora es momento de liberar a los rehenes, de que los heridos y las familias puedan reencontrarse, y que se puedan rescatar los numerosos cuerpos que todavía yacen bajo los escombros. Tenemos que trabajar para que todo esto devenga hacia la paz y se pueda encontrar al menos una parada en las actuaciones tan duras que hemos visto en los últimos meses.

—Y dentro de esa población local, ¿qué hay de los cristianos?

—Desde la Coordinadora, así como los Episcopados que representamos y nuestras Iglesias locales, hemos alzado la voz para decir que nunca más la guerra, que solo la paz puede hacer que los dos pueblos se encuentren. En los dos están los cristianos. Nuestra visión, por supuesto, es de apoyo y ayuda a los cristianos, para que no se sientan solos ni puedan pensar que los hemos abandonado

—¿Cuáles son las principales necesidades a día de hoy en Tierra Santa?

—Con la guerra, se pararon de golpe todos los trabajos y permisos de trabajo en Israel para los palestinos. Además, se cerraron las carreteras; esto ha supuesto una gran desolación para las familias. Hay falta de trabajo y muchas dificultades, no existe la posibilidad de construir nuevos edificios, especialmente en Cisjordania, y, por tanto, la vida diaria no puede volver a la normalidad. En Gaza, como en toda la Tierra Santa, las necesidades son de educación, sanidad y apoyo a las comunidades, además de otras básicas también.

—¿Han podido hablar con el padre Romanelli, el párroco de Gaza?

—Sí, mantuvimos una charla con él por videoconferencia y nos permitió contemplar cómo habían cesado los bombardeos. La verdad es que se sentían muy apoyados y habían podido tener la visita del patriarca.

—¿Le ofrecieron algo?
—Como Coordinadora, vinimos con cuatro intenciones, lo que llamamos las cuatro grandes ‘Ps’: plegaria, presencia, protesta —cuando algo es injusto—y permanencia. Todo esto lo intentamos lograr de forma humilde porque nuestros medios son limitados, pero desde hace 20 años que vengo participando es una manera bella de aportar apoyo y ayuda. Por otra parte, hemos escuchado el clamor de las comunidades cristianas que allí sufren y hemos querido compartir la esperanza con ellos. La esperanza de la paz y del año jubilar, para que también en la Tierra Santa pueda ser un año de esperanza y de gracia.

—¿Qué podemos hacer desde España?

—Podemos ayudar reemprendiendo las peregrinaciones. También con algunas hermandades, hermanando entre escuelas y parroquias para ayudar y sostener a aquellos cristianos que dan testimonio de Jesucristo. Es muy relevante lo que Cáritas Española está haciendo por las comunidades cristianas locales, así como Manos Unidas y otras entidades desde España. Estos trabajos deben continuar, también desde algunas diócesis, sobre todo con las peregrinaciones: no tengamos miedo, se puede ir, si se prepara bien no hemos de tener problemas y al mismo tiempo hay que animarse a no quedarse solo en Galilea, Jerusalén y Belén; también ir a algunas poblaciones cristianas de Cisjordania, como Taybeh y Ramala u otros lugares, porque nos están esperando. Allí hemos visto cómo proliferan los asentamientos ilegales, especialmente en Cisjordania, que una vez fueron enclaves y ahora están rodeando de tal manera a los pueblos de Cisjordania que impiden su vida normal. Es preciso saber que hay una necesidad de apoyo y colaboración muy grandes.

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