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«Nadie de vosotros puede ser discípulo mío si no renuncia a todo lo que tiene» (Lc 14, 33)

Después del período de vacaciones que algunos hemos podido disfrutar con mayor o menor duración, vivimos el regreso a la normalidad. Es verdad que muchos, la mayoría, no pueden disfrutar de ningún día de vacaciones por muchos motivos: su situación personal y familiar, la vinculación a una actividad turística o de ocio dedicada precisamente al disfrute de los demás, o el hecho de que la enfermedad o la exclusión ni hacen ni permiten vacaciones. Tampoco muchas veces la misma actualidad permite interrupción o paréntesis alguna, lo hemos visto con los graves incendios que han asolado gran parte del país o con las guerras que en vez de bajar de intensidad quién sabe si han aprovechado que una parte del mundo disminuye su atención precisamente para incrementar su cruel actividad. Sea como fuere, nuestra sociedad intenta en algunos períodos establecer unas pautas de conducta pretendidamente genéricas que no llegan a poder ser compartidas por todos.

Quizás a algunas de estas semanas les han permitido conocer otras realidades o vivir la fe en contacto con otras comunidades fuera de casa. Ha sido así por cerca de un centenar de jóvenes de nuestra diócesis que han participado en el Jubileo de los Jóvenes en Roma y también por un numeroso grupo de fieles que hemos peregrinado a Roma esta misma semana.

Ha sido, para los que hemos participado, un momento fuerte como comunidad en una doble vertiente: conocernos mejor como integrantes de la Iglesia diocesana de Girona y participar de una experiencia singular como Iglesia universal en torno al sucesor de Pedro, el papa León XIV. La fe es para vivirla en comunidad y en comunión, sin esa dimensión la fe estaría carente de una de sus principales características.

Sobre el peregrinar, nos decía el papa Francisco en la bula de convocatoria de este año jubilar 2025 que «No es casual que la peregrinación exprese un elemento fundamental de todo evento jubilar. Ponerse en camino es un gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida.» ( Spes non confundido , 5).

Ser discípulo significa siempre optar por la renuncia, y para seguir al Maestro es necesario renunciar a algo y ponerse en camino, peregrinar hacia Él, que significa dejar de alguna manera algo atrás con la esperanza de ganar otra más importante y crecer en la fe dentro de la Iglesia.

En palabras del papa León XIV: «Optar equivale también a renunciar a algo y esto a veces nos bloquea. Para ser libres, es necesario partir de un cimiento estable, de la roca que sostiene nuestros pasos. Esta roca es un amor que nos precede, nos sorprende y supera infinitamente: el amor de Dios. Por eso, ante Él la decisión es un juicio que no nos quita ningún bien, sino que siempre nos trae uno quizás.» (2 de agosto de 2025).

Ojalá estas experiencias jubilares nos ayuden en nuestro camino de fe personal y como iglesia diocesana y seamos capaces de hacer partícipes a quienes nos rodean.

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