La religiosa javeriana, subsecretaria de la Secretaría General del Sínodo, atiende a ECCLESIA para analizar la fase de implementación del Documento final
Sor Nathalie Becquart explica a ECCLESIA que el papa León XIV está totalmente comprometido con el camino sinodal, en continuidad con el papa Francisco. «Sí, está muy convencido», asegura esta religiosa javeriana francesa que, desde 2021, es la subsecretaria de la Secretaría General del Sínodo. En estos meses se está desarrollado la fase de implementación del Documento final y para diciembre casi todos los grupos de estudio creados al margen de la asamblea presentarán sus resultados al Papa. También el famoso Grupo 5, cuya misión era, entre otras cosas, profundizar sobre nuevas formas de participación de las mujeres en la Iglesia.
—De acuerdo con lo establecido por el papa Francisco, y refrendado por León XIV, en octubre de 2028 tendrá lugar una asamblea eclesial para poner en común los frutos de la fase de implementación del Documento final. Estamos en octubre de 2025 y todavía quedan tres años. En esta nueva fase en la que las Iglesias continentales, nacionales y locales están llamadas a poner en práctica la sinodalidad, ¿cómo se está desarrollando este proceso?
—Podemos decir que esta fase de implementación se abrió tras la última asamblea en octubre 2024, cuando el Papa confirmó el Documento final. Esta tercera fase es muy importante, quizá la más importante, porque el Sínodo no ha terminado. Ahora se trata de poner en práctica estas directrices de forma creativa en los distintos contextos de las Iglesias locales. La fase de implementación es también un proceso de discernimiento para que vean cómo poner en práctica estas propuestas. No se trata solo de que copien lo que está en el Documento final.
Desde la Secretaría General y el Consejo del Sínodo, con la aprobación del papa Francisco y después del papa León, estamos tratando de apoyar y animar esta fase. Hay Iglesias locales que han avanzado sin nosotros y otras que necesitan un poco más de impulso. ¿Cuál es el método? Primero, publicamos en julio el documento titulado Pistas para la fase de implementación del sínodo, que es un texto de ayuda práctica y que se envió a las conferencias episcopales. ¿Cómo sugerimos avanzar en esta tercera fase? A continuación, pedimos a las conferencias episcopales, las Iglesias sui iuris y las diócesis que contaran con un equipo sinodal. En la fase de escucha ya se invitó a que se crearan, pero algunas Iglesias locales o diócesis no lo hicieron.
—Como usted dice, en 2021, algunas diócesis no formaron estos equipos sinodales porque no entraron tanto en la dinámica del proceso de escucha. ¿Esta fase de implementación se puede considerar una segunda oportunidad para aquellas Iglesias que no se implicaron tanto al principio?
—Sí, porque es un proceso siempre abierto al que se pueden ir incorporando gradualmente. Nunca es tarde para empezar el camino sinodal. Por eso, la fase de implementación quiere llegar a cada vez más personas. Cada diócesis o Iglesia local tiene su propio ritmo. Hay algunas con una sólida experiencia de sinodalidad, pero los pasos hacia la conversión no son siempre los mismos. Un eje fundamental de la sinodalidad siempre ha sido poner el acento en la Iglesia local. De ahí la importancia de crear los equipos sinodales.
—Otro aspecto del camino fue la constitución de diez grupos de estudio, a petición del papa Francisco, para profundizar en cuestiones a las que no se podía dedicar el tiempo necesario durante las asambleas sinodales. Inicialmente, estos grupos de estudio eran diez y ahora son doce, ¿cómo van estos trabajos?
—Yo misma estoy en dos grupos. En el grupo que se titula La vida y la misión de la Iglesia en la cultura digital ya estamos redactando el informe. Cada uno es independiente y trabaja a su propio ritmo. Hace unos días, tuvimos una reunión de coordinadores para intercambiar información sobre en qué punto está cada uno. Se espera que los que habían comenzado hace meses estén a punto de concluir sus trabajos. Los otros dos grupos de reciente creación, el que se ocupa del papel de las conferencias episcopales y el que reflexiona sobre la liturgia, quizá se demoren algo más. A finales de diciembre habrá que presentar las conclusiones al papa León XIV y él será el que decida qué hacer con lo que se le presente.
—También, por tanto, habrá conclusiones del Grupo 5, aquel que se ocupaba de cuestiones teológicas y canónicas en torno a formas ministeriales específicas. Es el grupo que, en palabras del prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, debía, entre otras cosas, profundizar en el tema del papel de las mujeres y en explorar nuevas posibilidades de ministerios dedicados a ellas…
—Los trabajos están progresando y, en consecuencia, el resultado también debería estar disponible para diciembre.
—Volviendo a este mes de octubre. En unos días será el Jubileo de los equipos sinodales y órganos de participación…
—Estamos trabajando en ello. Con estos equipos vendrán la mayoría de las conferencias episcopales. No se tratará solo de vivir el año santo con una peregrinación, sino de que todo el fin de semana está pensado como un momento de encuentro y de diálogo con el Papa, que tendrá lugar el viernes 24 por la tarde. El sábado 25 atravesarán la Puerta Santa y después habrá talleres y seminarios, pero, sobre todo, un momento llamado Intercambio de dones entre las Iglesias, en el que será posible poner en práctica la conversación en el Espíritu. Como dice el papa Francisco, se hace camino al andar; por eso, intentamos fomentar este intercambio de iniciativas.
—¿Podría darnos un ejemplo concreto de estas iniciativas?
—Acabo de asistir en la diócesis austriaca de Linz a la inauguración en la universidad católica de una escuela de sinodalidad para formar a estudiantes de Teología, incluyendo a quienes un día serán sacerdotes en esa diócesis. En el África francófona, tras la primera asamblea sinodal, una religiosa abrió también una escuela de sinodalidad. Irlanda está en su propio camino sinodal. En Australia, muchas diócesis han celebrado o celebran sínodos diocesanos para discernir cómo vivir la sinodalidad. Yo misma he impartido distintas sesiones sobre cómo poner en práctica la sinodalidad en los colegios católicos, porque, si queremos una Iglesia sinodal, las bases son la educación y, sobre todo, la familia. Siempre digo que la familia es la primera escuela de sinodalidad. Es donde aprendemos a escuchar, a dialogar, a vivir juntos en la diversidad.
—¿Y cómo se enseña la sinodalidad en los colegios?
—Volviendo al ejemplo de Australia. Yo participé en la conferencia nacional sobre educación católica para explicar cómo aplicar la sinodalidad en las escuelas. Se puede empezar por hacerse distintas preguntas: ¿cómo escuchamos más a los estudiantes?, ¿cómo vivimos el liderazgo escolar?, ¿cómo enseñamos?
—¿Las Iglesias orientales y las que viven en zonas de conflicto han podido avanzar con alguna iniciativa en esta fase?
—Depende del contexto. Para el Jubileo vendrán algunos equipos sinodales de Tierra Santa o Líbano. Hemos experimentado que, cuanto mayores son los desafíos, más importante es estar juntos para afrontarlos. Así que, en contextos de guerra y violencia, a veces, no es tan importante estar muy organizados cuanto lo es el espíritu con el que se hacen las cosas. Un fruto del camino sinodal es que ha fortalecido las relaciones y el entendimiento entre las Iglesias orientales y la latina, que no siempre es fácil. Porque el camino sinodal ha sido mucho más que solo escucharse mutuamente.
— ¿La fase de implementación representa una oportunidad para fortalecer las relaciones entre comunidades cristianas a través de ese intercambio?
—Sí, porque una dimensión clave de la sinodalidad es este concepto del intercambio de dones puesto en práctica. Podemos decir que, en una Iglesia sinodal, nadie es demasiado rico para no tener algo que recibir y nadie es demasiado pobre para no tener algo que ofrecer.
—¿Sienten el apoyo del papa León XIV al camino sinodal?
—Él ha participado en el camino sinodal en distintas fases y en distintos roles. Cuando empezó el proceso de escucha, era obispo de Chiclayo y dirigió esa primera fase del Sínodo en su diócesis. Al llegar a Roma, el sínodo se encontraba en la fase continental. Cuando comenzamos a preparar la asamblea de 2023 y el Instrumentum laboris, mantuvimos consultas con cada prefecto y él ya lo era. Luego participó en las dos asambleas y estaba como experto en dos de los grupos de estudio que estableció Francisco. Ha vivido toda la experiencia del Sínodo. Además, hay que tener en cuenta su recorrido en América Latina donde, en cierto modo, a nivel sinodal siempre estuvieron más adelantados.
Sí, está muy convencido. Su elección también demostró el deseo de los cardenales de avanzar en el camino de la sinodalidad. El Papa ha dejado clara la importancia de una Iglesia sinodal desde el mismo balcón de la basílica de San Pedro tras su elección. En otros discursos también lo ha demostrado, como, por ejemplo, el que dio a la asamblea de la diócesis de Roma. Confirmó, además, la perspectiva del papa Francisco de que se hace camino al andar. Estamos realmente ante una continuidad. Creo que la prioridad de León XIV es muy clara: la búsqueda de la paz. Para esta misión al servicio de la paz, debemos fortalecer la unidad y vivir la sinodalidad.








