Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

El cardenal Parolin en el segundo día de los novendiales: «Debemos acoger la herencia de Francisco y hacerla vida»

El purpurado italiano presidió la Eucaristía en la plaza de San Pedro ante una gran afluencia de peregrinos con motivo del Jubileo de los Adolescentes

Mientras los primeros fieles se acercaban a ver la tumba del papa Francisco, el cardenal Pietro Parolin, hasta la muerte de Francisco secretario de Estado, presidió la Eucaristía del segundo día de los novendiales, que se iniciaron este sábado con la Eucaristía.

El purpurado comenzó su homilía señalando que tras la muerte de Francisco, el pueblo de Dios puede sentirse como los discípulos, encerrados en el cenáculo, después de la crucifixión de Jesús. Pero, como entonces, añadió el cardenal, también Dios se hace presente con la luz de la resurrección.

Parolin recordó el mensaje principal de Francisco, la misericordia, que fue el «programa del pontificado» y es un «tesoro precioso» que ha legado Francisco.

«Nuestro afecto por él, que se está manifestando en estas horas, no debe quedar como una simple emoción del momento, debemos acoger su herencia y hacerla vida, abriéndonos a la misericordia de Dios y siendo nosotros también misericordiosos los unos con los otros. La misericordia nos transporta al corazón de la fe», añadió.

Según dijo, Francisco recuerda que «no debemos interpretar nuestra relación con Dios y nuestro ser Iglesia según categorías humanas o mundanas, porque la buena noticia del Evangelio es descubrirnos amados por un Dios que tiene entrañas de compasión y de ternura, independientemente de nuestros méritos; nos recuerda, además que nuestra vida está entretejida por la misericordia».

«Solo la misericordia sana y crea un mundo nuevo, apagando los fuegos de la desconfianza, del odio y de la violencia. Esta es la gran enseñanza del Papa Francisco», añadió.

Y concluyó: «El papa Francisco fue testigo luminoso de una Iglesia que se inclina con ternura hacia quien está herido y sana con el bálsamo de la misericordia; y nos ha recordado que no puede haber paz sin que reconozcamos el valor del otro, sin la atención al que es más débil y, sobre todo, no puede haber nunca paz si no aprendemos a perdonarnos recíprocamente, usando entre nosotros la misma misericordia que Dios tiene para con nuestra vida».

En la Eucaristía estuvieron presentes peregrinos de todo el mundo, llegados para participar en el Jubileo de los Adolescentes. A ellos también dirigió unas palabras concretas: «Ante los numerosos desafíos que están llamados a afrontar —recuerdo, por ejemplo, el de la tecnología y de la inteligencia artificial— no olviden nunca alimentar su vida con la verdadera esperanza, que tiene el rostro de Jesucristo. Nada será demasiado grande o demasiado arduo con él. Con él no estarán nunca solos ni abandonados, ni siquiera en los momentos más duros».

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now