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Omella: «Modificar el statu quo del 78 debería contar con el consenso de las fuerzas políticas y el apoyo de los españoles»

La situación política y social de nuestro país ha tenido eco en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE), inaugurada este lunes en Madrid. En su discurso, el presidente, cardenal Juan José Omella, ha hecho varias alusiones para pedir a políticos y líderes sociales «bajar el clima de crispación social» y hacer un llamamiento al diálogo social «entre todas las instituciones de la sociedad española sin cordones sanitarios ni exclusiones».

«Todos los pactos son lícitos en la medida que respeten el ordenamiento jurídico, el Estado de Derecho, la separación de poderes de nuestra democracia, aseguren la igualdad de todos los españoles y garanticen el equilibrio político, económico y social que nos hemos dado los españoles en la Constitución de 1978», ha agregado.

En su opinión, ha abundado, cualquier acuerdo que modifique este statu quo, basado en la Constitución de 1978, «debería contar no solo con el consenso de todas las fuerzas políticas de nuestro arco parlamentario, sino también con el apoyo de una mayoría muy cualificada de la sociedad.

«De no ser así, tales pactos solo conducirán a una mayor división y confrontación entre los españoles. No vale el inmovilismo para frenar cualquier reforma. Pero tampoco valen tentativas reformistas que fragmenten la convivencia en España», ha sentenciado.

«Les interpelo a que trabaja en todo momento en favor del interés general, favoreciendo la comunión y potenciando siempre lo que nos une, lo bueno, lo bello, lo que beneficia al bien común de toda la ciudadanía de este hermoso país», ha dicho al dirigirse a políticos y otros líderes de la sociedad civil.

En otro momento de su discurso, al referirse a la situación económica, ha alertado ante la llegada de populismos por la creciente desigualdad e injusticia social. «La democracia es el mejor de los sistemas, pero hay que cuidarla. La democracia enferma cuando se cuentan la corrupción y la mirada cortoplacista de los gobernantes políticos y de los dirigentes económicos», ha añadido.

En concreto, ha pedido a Pedro Sánchez, recientemente elegido presidente del Gobierno, a trabajar por la cohesión social, afectada, ha dicho, por los pactos que han facilitado su investidura.

Con todo, el purpurado ha subrayado que a pesar de esta situación en nuestro país y de la guerra en otros, «es tiempo de afrontar la realidad con valentía y determinación». «Los cristianos estamos llamados a mirar el futuro con realismo y, sobre todo, con esperanza. Nosotros, que creemos en Jesucristo resucitado, sabemos que no estamos solos, creemos que Cristo camina a nuestro lado en medio de todas las vicisitudes de la historia personal y global», ha dicho.

En este sentido, ha hecho una llamada a los católicos a ser «astutos como serpientes y sencillos como palomas». «Cristo nos está llamando a ser inteligentes y perspicaces en la forma en que abordamos los desafíos del momento. Nos invita a ser cautelosos y conscientes de nuestro entorno, a comprender las complejidades de la vida y a tomar decisiones informadas. Al mismo tiempo, la llamada a ser sencillos como palomas nos recuerda la importancia de la pureza de corazón y la honestidad en nuestras acciones», ha agregado.

En este sentido, ha añadido que tanto la astucia como la prudencia deben ir dirigidas a la construcción de puentes en lugar de muros, a sanar en lugar de herir, de modo que la sencillez sea «un faro de luz en un mundo que a menudo se enreda en la complejidad».

Cinco propuestas ante la situación económica

Ante la situación económica, ha marcado cinco prioridades para afrontar el futuro en mejores condiciones: abordar la precariedad laboral, consolidar y desarrollar un sistema de garantía de ingresos mínimos, mejorar el acceso a una vivienda digna, garantizar la protección a la infancia y a la familia y avanzar en la regularización de las personas migrantes.

Sobre este último aspecto, el purpurado ha recalcado que «la movilidad humana es una opción de vida para algunos, pero desgraciadamente para muchos es una necesidad imperiosa». «Los movimientos migratorios han transformado y están transformando la realidad de nuestro país y del mundo entero», ha agregado.

Abusos sexuales

El cardenal Omella también ha dedicado un apartado de su intervención a la acción de la Iglesia ante los abusos sexuales, en el que ha aprovechado para reiterar que la Iglesia entiende y valora completamente el daño causado. «Queremos expresar sin ambages la vergüenza y la pesadumbre que causa en nosotros esta realidad que traiciona el mensaje del Evangelio. […] Nuevamente pedimos perdón a todas las personas que han sufrido debido a estas execrables acciones, especialmente a las víctimas y sus familias», ha explicado.

Con todo, el purpurado ha reivindicado que la Iglesia ha endurecido y revisado todos los protocolos de seguridad y formación, así como colaborado con las autoridades civiles.

También ha mostrado dolor y malestar por la «difamación pública causada por una intencionada y errónea extrapolación, realizada por algunos medios de comunicación, a partir de un dato de una encuesta llevada a cabo por Gad3 y publicada en el informe del Defensor del Pueblo. «Expresamos nuestra intensa decepción por la citada extrapolación y por la dudosa fiabilidad de los resultados presentados de dicha encuesta», ha afirmado.

Educación de los jóvenes

Otro de los puntos a los que el arzobispo de Barcelona ha hecho hincapié ha sido la educación de los más jóvenes ante problemas como la disciplina, el abandono escolar, la renuncia a la cultura del esfuerzo o los brotes de violencia en el entorno escolar o de abusos sexuales.

«Tenemos un inmenso reto con la educación afectiva y sexual de los niños, adolescentes y jóvenes. Ante el incremento de los embarazos no deseados, del número de conductas sexuales inapropiadas y agresiones entre menores en colegios e institutos, así como la adicción y el acceso a la pornografía cada vez a una edad más infantil, parece evidente que nuestro país no ha acertado en el modelo educativo en materia afectivo-sexual», ha explicado.

Y ha continuado: «La Iglesia apuesta por una educación afectivo-sexual que enseñe que la sexualidad es bella —y no violenta— pero que necesita cumplir unas condiciones para que edifique a la persona y no la destruya. Es necesario enseñar a vivir todo con responsabilidad, también la sexualidad».

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