El gran mandamiento del Señor es el mandamiento del amor. Si amamos no podremos otra cosa que intentar hacer el bien, porque quien ama no puede querer hacer el mal. Este mandamiento del amor debe guiar nuestras vidas, quien ama a Dios, quien dice que ama a Dios debe amar a los hermanos.
La Iglesia vive estos días unas jornadas importantes. Los días en que la tristeza por la muerte del papa Francisco llenó nuestros corazones, han sido sucedidos por la alegría de la elección del papa León XIV, el nuevo obispo de Roma, el nuevo pastor de la Iglesia universal El nombre escogido por el nuevo papa nuestro mundo necesita un pastor que ponga su mirada amorosa sobre tantos como sufren en todo el mundo.
Un papa de nuevo religioso, a un jesuita le sucede ahora un agustiniano y esto es un signo de la riqueza y la diversidad de la Iglesia donde múltiples carismas conviven unidos siempre por el vínculo del amor. Como escribe el evangelista san Juan: «por el cariño que se tendrá entre vosotros todo el mundo conocerá si sois discípulos míos.»
Un papa de nuevo americano, a un argentino le sucede ahora un estadounidense que ha ejercido su ministerio en Perú y eso muestra la catolicidad, la universalidad de la Iglesia.
Un papa que ha sido misionero y que conoce bien el funcionamiento interno de la Santa Sede, que ha sido un estrecho colaborador del papa Francisco como prefecto del Dicasterio para los obispos y participante activo en el Sínodo sobre la sinodalidad y esto nos muestra la continuidad de la Iglesia en su camino hacia Cristo.
El Espíritu sopla para darnos a cada momento lo necesario y así confiamos en que el Señor nos da ahora el pastor que necesita a la Iglesia. Cada papa deja su huella en la historia y la doctrina de la Iglesia y al mismo tiempo cada papa asumiendo el legado de los anteriores aporta savia nueva y un nuevo estilo. Es éste el vínculo que va construyendo la Iglesia de Cristo en la tierra a la espera del Reino.
Oremos para que el papa León XIV construyendo puentes de diálogo, amando con los brazos abiertos tal y como Cristo nos ama y nos pide amar, sea para todos un signo de amor, un verdadero mensajero de paz y de esa buena nueva que Cristo nos ha venido a traer: «un nuevo mandamiento os doy: que se ama a unos a otros. Tal como yo os he amado, amáos también vosotros.»







