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Pablo Delclaux

Pablo Delclaux: «El arte es un medio extraordinario para explicar la fe»

El nuevo catecismo de adultos Buscad al Señor utiliza el lenguaje simbólico como complemento a la palabra escrita y hablada

Hablamos con Pablo Delclaux, director de la Subcomisión de Patrimonio Cultural de la Conferencia Episcopal, que ha asesorado a la Comisión para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado en la elección de las obras de arte que acompañan al catecismo Buscad al Señor y que complementan este itinerario de crecimiento en la fe.

¿Por qué es importante que el arte esté muy presente en un catecismo de adultos?
Los redactores de este catecismo han mostrado una preocupación por la transmisión de la fe. Y la fe se transmite a través de palabras, que llegan a través de la vista y el oído. Pero también han valorado que existe otro medio que no pasa directamente de los sentidos al cerebro, sino que baja al corazón y te posiciona. El lenguaje simbólico ayuda a vivir aquello que se entiende con la palabra escrita o hablada. Un sacerdote puede hacer una bella homilía el Viernes Santo, donde se comprende perfectamente la Pasión de Jesucristo, pero cuando la gente vibra, llora y se emociona es al ver las imágenes, escuchar los sonidos o con los sabores. El lenguaje simbólico no hace comprender, sino vivir. Es complementario a ese lenguaje teológico que permite asumir lo escrito y anunciado a través de la palabra.

¿Puede una obra artística ayudar a encontrar a Dios?
La experiencia estética no es solo sensorial, también es intelectual, y hay que explicarla. No se trata de si me gusta o no, sino que hay que desgranar lo que quiso transmitir el comitente a través del artista. Ver un cuadro, como leer un catecismo, es un elemento más que ayuda a la evangelización. Lo que entra es el Espíritu Santo, que es el que actúa.

¿Cómo ayuda este lenguaje simbólico a la evangelización y la formación en la fe?
Los símbolos se han utilizado desde que existe el cristianismo. El bautismo, por ejemplo, es todo un lenguaje de signos que verdaderamente significan lo que representan. Su celebración comienza en el exterior del templo para significar que el catecúmeno va a entrar espiritualmente en la Iglesia. Siempre se ha utilizado el lenguaje simbólico; en la actualidad, más que nunca, sobre todo, en la publicidad. Deseamos o no un objeto, no porque lo hayamos racionalizado, sino porque nos da la sensación de que lo necesitamos. Hoy, los nuevos métodos de evangelización utilizan en gran medida el lenguaje simbólico, con las luces, los sonidos y los sentimientos… Pero no nos podemos quedar en la puesta en escena, hay que profundizar.

Decía antes que había que intelectualizar la experiencia estética. ¿A qué se refiere?
Una obra de arte puede agradar o no, pero hay que entenderla. Y entenderla no es solo conocer lo que creemos que quiere decir, sino acercarnos a las fuentes, a la historia, a la iconografía, a lo que el autor quiso mostrar. Pongo un ejemplo. Hay quien explica que la imagen de la Virgen con la luna bajo sus pies simboliza el triunfo de la Iglesia sobre el islam, y no es así. Esta iconografía se forma en el siglo XVI, tomada del libro del Apocalipsis, capítulo 12. Que esta mujer esté sobre la luna muestra que la Iglesia es un misterio que está por encima del tiempo, porque el calendario judío es lunar.

El arte es una catequesis.
Es una de las razones por la que existe el arte cristiano. Ya decía san Gregorio Magno en el siglo V que los iconos son la Biblia de los pobres. Hay un ejemplo muy gráfico con la Eucaristía. Es mucho más atractivo explicar la Misa a quien no quiere saber nada de ella a través de una obra de arte como el Transparente de la catedral de Toledo que con una charla. La gente te escucha cuando explicas una obra de arte con todo su significado. El arte es un medio actual extraordinario para explicar la fe a gente que, en principio, no muestra interés por ella. El mismo cuadro de la portada del catecismo Buscad al SeñorJuan Bautista señala a Jesús, de Domenicino— es realmente interesante. Tiene mucho más contenido del que podemos percibir a primera vista. Aparentemente, el protagonista es san Juan Bautista, que señala a Cristo. Pero no lo es. El protagonista es san Andrés, que, a la vez, está siendo catequizado y está catequizando a su hermano Pedro. Lo podemos entender así porque este fresco está pintado en la iglesia de San Andrés de la Valle, en Roma, y forma parte de una secuencia que narra la vida de este apóstol. Al entender la obra y su contexto, no hay mejor elección para la portada de un catecismo.

San Andrés es catequizando y catequista.
Es una pieza muy completa. Además, guarda una enseñanza importante. El catequista debe ser consciente de que lo que ha recibido debe darlo y de que puede estar anunciando el Evangelio a un santo, a alguien que puede alcanzar una gran altura en la vida de la gracia. Es necesario realizar el anuncio con humildad.

¿Somos consciente en la Iglesia de este poder del arte?
Creo que cada vez se profundiza más en el significado de cada elemento y en la intención de quien encargó la obra y su contexto. Cabe señalar que muchas piezas son elementos litúrgicos. Los retablos, por ejemplo, no son objetos decorativos. Lo que expresan es la comunión de los santos.

¿Por qué motivo?
Existía la antigua costumbre de celebrar la Eucaristía sobre la tumba de un mártir para expresar esa comunión entre el cielo y la tierra. Se celebraba la Misa sobre los restos físicos de quienes están celebrando con su alma la liturgia eterna con Jesucristo. Las Misas se multiplican y no hay tantas tumbas de mártires, así que se colocan relicarios sobre el altar. Y a falta de reliquias, se utilizan iconos. Estos se colocaron posteriormente delante del altar para que no estorbasen durante la celebración. De ahí vienen los famosos frontales de altar románicos. Pero con la reforma litúrgica de Gregorio VII, se comienza a celebrar la Misa a la manera romana, mirando hacia el Oriente. De esta forma, el sacerdote se coloca tapando el frontal de altar, por lo que este se levanta para que se pueda ver y se coloca sobre el altar; es la tabla colocada detrás, el retro tabulum. Por tanto, el retablo no es un elemento decorativo, tiene su significado. Y así ocurre con todo el arte cristiano que, aunque decora, no es esa su intención, sino la de anunciar y celebrar. 

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