«En un mundo donde la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión», afirmó el Pontífice en una nueva catequesis sobre la Sacrosanctum concilium
«La Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana». Esta es la invitación del papa León XIV en la audiencia general de este miércoles, que tuvo lugar en la basílica de San Pedro.
El Pontífice retomó de este modo sus catequesis sobre el Vaticano II tras la pausa por sus vacaciones, que disfrutó en julio en Castel Gandolfo. Catequesis en las que siguió reflexionando sobre los grandes documentos, en este caso, sobre la Sacrosanctum concilium, que ya había abordado en anteriores citas.
En esta ocasión, el Pontífice se centró en la cuestión de la oración, que, «en cuanto dimensión fundamental de nuestra humanidad, merece volver a ser descubierta en su verdad». Y dentro de ella, la Liturgia de las Horas, que «santifica el tiempo de nuestra vida cotidiana».
«Por la mañana, empezamos el día con alegría y gratitud; a mediodía, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las Vísperas acompañan en el momento del atardecer; por la noche, nos dormimos encomendándonos a la paz de Dios. Cada hora es un acto de esperanza: durante nuestra peregrinación terrenal velamos con toda la Iglesia esperando el regreso glorioso del Señor», reflexionó.
También recordó que la Liturgia de las Horas está muy vinculada a la Eucaristía y que con ella son «el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Espíritu Santo a través de su cuerpo». «En esta oración, Cristo «une a Sí la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza (SC, 83); así, día a día, estamos asociados cada vez más al misterio pascual y conformados a él», agregó.
De este modo, el Papa quiso reivindicar la oración en un momento en el que domina «una mentalidad centrada en la eficiencia y en el consumismo», que la puede llegar a considerar «inútil e irrisoria». «En un mundo donde la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión», lamentó León XIV.
También advirtió que en muchas familias cristianas ya no se transmite la oración, mientras que muchas personas pueden confundirla con «una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal».








