Francisco les ha invitado a mirar a los ojos y a tocar a las personas que ayudan y, ante el inminente inicio del Jubileo, a ser peregrinos de esperanza
El papa Francisco ha recibido en audiencia este lunes a Comisión Permanente de Manos Unidas con motivo del 65.º aniversario de la fundación de esta ONG católica. Una ocasión que el Pontífice ha utilizado para recordar la importancia de la mujer y denunciar que son silenciadas.
«Nosotros estamos acostumbrados con esta cultura machista, a tener a la mujer, no digo como el perrito o el gato de la casa, pero como un ser humano de segunda categoría y nos olvidamos de que las que llevan adelante el mundo son las mujeres», ha subrayado en su discurso.
En este sentido, ha reconocido la labor que las mujeres de Manos Unidas llevan realizando décadas para la erradicación de males en el mundo, como el hambre, que «siguen golpeando a tantas naciones».
A
En concreto, ha propuesto como modelo a la Virgen María, «la mujer por excelencia». «María, con el corazón radicado en Dios, continúa atenta a las necesidades de sus hijos, solícita para ir a su encuentro y llevarles la consolación del Señor. Ella es el modelo plenamente realizado de nuestra humanidad, a través del cual, por la gracia de Dios, todos podemos contribuir para mejorar nuestro mundo. Y eso es lo que ustedes tratan de actuar gracias a su característica y a su intuición y realidad como madres, hijas y esposas y suegras», ha afirmado.
Y ha continuado: «Los animo a seguir adelante con su hermosa misión de voluntariado, de asistencia, de caminar juntos. Y ya cercanos al Jubileo, los invito a ser peregrinos de esperanza y a reorientar la vida hacia Jesús, también a través de su contribución a la mejora material, al progreso moral y desarrollo espiritual de los más frágiles y necesitados, para ayudarlos a conseguir una vida que responda a la dignidad de hijos de Dios».
Finalmente, les ha pedido que a la hora de ayudar a las personas las miren y las toquen: «Si vos no mirás a los ojos al mendigo, si no le tocás la mano, tu limosna no vale nada, porque no sale de tu corazón, sale solo de tu bolsillo. Prediquen esto: mirar a los ojos y tocar la mano».
e








