«La vida se ilumina, no porque seamos ricos, bellos o poderosos», dijo el Papa durante la Eucaristía en la solemnidad de Todos los Santos, durante la que proclamó a John Henry Newman como doctor de la Iglesia
El fin de semana del papa León XIV comenzó con una triple celebración en una Eucaristía: la solemnidad de Todos los Santos, la proclamación de John Henry Newman como doctor de la Iglesia y el Jubileo del Mundo Educativo. Tres realidades que el Pontífice entrelazó con gran naturalidad en la homilía, porque santidad y educación van de la mano y porque en el santo inglés resplandecen ambas.
«Es tarea de la educación ofrecer esa luz amable [da título a un poema de John Henry Newman] a aquellos que, de otro modo, podrían quedarse prisioneros de las sombras particularmente insidiosas del pesimismo y el miedo. Por eso me gustaría decirles: desarmemos las falsas razones de la resignación y la impotencia, y difundamos en el mundo contemporáneo las grandes razones de la esperanza. Contemplemos y señalemos esas constelaciones que transmiten luz y orientación en nuestro presente, oscurecido por tantas injusticias e incertidumbres», dijo León XIV en su alocución..
A través de John Henry Newman y de su propuesta educativa, en la que resalta la dignidad de cada persona y que cada uno tiene una especificidad que aportar, recordó, a modo de gran titular, que «la vida se ilumina, no porque seamos ricos, bellos o poderosos».
Y continuó: «Se ilumina cuando uno descubre en su interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión, mi vida sirve para algo más grande que yo mismo. Cada criatura tiene un papel que desempeñar. La contribución que cada uno tiene para ofrecer es de un valor único, y la tarea de las comunidades educativas es alentar y valorar esa contribución. No lo olvidemos: en el centro de los itinerarios educativos no deben estar individuos abstractos, sino personas de carne y hueso, especialmente aquellas que parecen no producir, según los parámetros de una economía que excluye y mata. Estamos llamados a formar personas, para que brillen como estrellas en su plena dignidad».
Concluyó con el reconocimiento de que la educación, desde la perspectiva cristiana, ayuda a todos a ser santos y que fue Benedicto XIV, precisamente durante la beatificación de Newman, quien dijo que lo que más desea Dios para sus hijos es que se conviertan en santos.
Los fieles difuntos
Al día siguiente, tras haber presidido el rezo del ángelus, León XIV se dirigió por la tarde al cementerio de Campo Verano, en Roma. Allí explicó el verdadero sentido de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.
«No estamos solo para conmemorar a los que han dejado este mundo. La fe cristiana, fundada sobre la Pascua de Cristo, nos ayuda a vivir la memoria más que como un recuerdo del pasado, como una esperanza futura. No es tanto un volverse hacia atrás, sino más bien un mirar hacia adelante, hacia la meta de nuestro camino, hacia el puerto seguro que Dios nos ha prometido», dijo.
Y en ese mirar hacia adelante, continuó el papa León, en ese caminar, ya se puede anticipar el vínculo con los que nos han precedido si «vivimos en el amor y practicamos el amor los unos con los otros, en particular con los más frágiles y más pobres».
«La caridad vence la muerte. En la caridad Dios nos reunirá junto a nuestros seres queridos. Y, si caminamos en la caridad, nuestra vida será una oración que se eleva y nos une a los difuntos, nos acerca a ellos, en la espera de encontrarlos nuevamente en la alegría eterna», concluyó.








