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El Papa en Trieste: «No podemos conformarnos con una fe marginal o privada»

Francisco reivindica este domingo el papel de los cristianos en la regeneración de la democracia

El papa Francisco ha reivindicado este domingo el papel de los católicos en la vida pública y en la construcción de una verdadera democracia. Lo ha hecho durante su visita a Trieste para participar en la 50 Semana Social de Italia.

«Como católicos, en este horizonte, no podemos conformarnos con una fe marginal o privada. Esto significa no tanto exigir ser escuchados, sino, sobre todo, tener la valentía de plantear propuestas de justicia y de paz en el debate público. Tenemos algo que decir, pero no para defender privilegios. Debemos ser una voz que denuncia y propone en una sociedad a menudo sin voz y en la que demasiados no tienen voz», ha subrayado.

En su opinión, esto es el amor político, que busca las causas: «Es una forma de caridad que permite a la política estar a la altura de sus responsabilidades y alejarse de las polarizaciones. Toda la comunidad cristiana está llamada a esta caridad política, en la distinción de ministerios y carismas».

Así, ha pedido lanzar proyectos de buena política y promover iniciativas para la formación política y social de los jóvenes, ofreciendo espacios de diálogo y colaboración por el bien común.

En otro orden de cosas, Francisco ha reconocido que «la democracia no goza de buena salud en el mundo actual». Y ha agregado: «Esto nos interesa y preocupa, porque está en juego el bien del hombre, y nada de lo que es humano puede sernos ajeno».

Así, del mismo modo que la crisis de la democracia es transversal a las distintas realidades y naciones, también la responsabilidad para cambiar la situación. «Es una llamada dirigida a todos los cristianos, dondequiera que se encuentren viviendo y trabajando, en todas partes del mundo», ha agregado.

El escándalo de la fe

Más tarde, el Pontífice ha presidido una Eucaristía en la plaza de la Unità D’ Italia, donde ha recordado «el escándalo de la fe basada en un Dios humano, que se abaja hasta la humanidad, que se preocupa por ella, que se conmueve por nuestras heridas, que toma sobre sí nuestro cansancio, que se parte como pan por nosotros».

Y es precisamente el escándalo de la fe lo que, según el Papa, necesita el mundo de hoy: «No de una religiosidad encerrada en sí misma, que levanta la mirada al cielo sin preocuparse de lo que ocurre en la tierra y celebra liturgias en el templo olvidándose del polvo que corre por nuestras calles».

Finalmente, ha lanzado una invitación a alcanzar el sueño de una nueva civilización fundada en la paz y la fraternidad: «No nos escandalicemos de Jesús, sino, al contrario, indignémonos ante todas aquellas situaciones en las que la vida es brutalizada, herida y asesinada».

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