He disfrutado y vivido como una gracia inmensa para la Iglesia que camina en España, con todas sus diócesis, congregaciones, institutos de vida consagrada, familias, matrimonios, en una auténtica fiesta de vivencia de fe, esperanza y caridad.
El papa Francisco en su mensaje nos invitaba a vivir en el gozo de la vocación, como una llamada que exige una respuesta, confiada en el Amigo que nunca nos falla y nos pide «en este Congreso de Vocaciones una mirada capaz de percibir la necesidad del hermano, no en abstracto, sino en lo concreto de unos ojos que se clavan en nosotros como los del paralítico del templo.
En la oficina, en la familia, en el apostolado, en el servicio, lleven a Dios allí donde Él los envíe, esa es nuestra vocación. Con la pregunta ‘¿para quién soy?’, nos introducimos en el misterio de Dios y de su proyecto sobre nosotros, pero no tengan miedo y abandónense a la voluntad divina, el Espíritu los sorprenderá a cada paso, haciéndoles bajar del tren de la vida, como a santa Teresa de Calcuta, para reducir las distancias que los separan de Dios y del hermano, para cambiar sus rumbos y encontrar a Jesús en el abrazo de aquel al que son enviados».
Tres son las palabras de que he sido testigo en este Congreso Vocacional que ha sonado como un concierto de armonía. Todas las vocaciones son una llamada común a la santidad y a plasmar todos juntos la misión de llevar a Dios, sabiendo que perderse a Jesús es perderse la mejor de la vida el Redentor del hombre.
- Agradecimiento. Ser «memoriados», como nos repite el Papa Francisco, para dar gracias por las vocaciones. «Ser llamados significa ser amados», como nos repite san Juan Pablo II.
Agradecer nuestra vocación y la vocación de nuestros hermanos que viven la misión unidos a
nosotros con la misión de evangelizar esta tierra y esta gente a la que amamos y queremos dar el tesoro de nuestra vocación que es Jesús.
Hacer presente la ternura del Corazón del Señor que nos llama a caminar juntos, para ser sembradores de esperanza en un mundo que agoniza de tristeza cuanto más se aleja del Amor de Dios. - Discenimiento. El discernimiento forma parte de quien delante del Señor en su Iglesia se pregunta ¿para quien soy yo…? El discernimiento es siempre el hombre o la mujer que busca ver cumplida la voluntad de Dios y que vive sabiendo que, en sintonía de amor con Dios y siempre acompañados, discernimos, para elegir los proyectos de su Corazón que subsisten de edad en edad.
Discernir es invertir en tomar decisiones, desde la madurez de que sabe que el proyecto de su
Amor, es siempre lo que hay que descubrir y decidimos a buscar y hallar lo que el Señor quiere con nosotros y para nosotros. - Alegría. Se ha vivido el Congreso de la alegría. Se palpaba el gozo en todos. No nos hemos quedado en si somos muchos o cada vez somos menos. Somos los que somos y vivimos lo que vivimos convencidos de que es el Amor el que nos ha llenado, el que hace fecunda nuestra vida, siempre al servicio de los hermanos y de los más pobres. Ser alegría es la mejor compañía vocacional. La gente no irá ni elegirá la vocación donde no ve a nadie feliz. La mejor campaña vocacional es la alegría de nuestra vida.
Con Santa María de las Vocaciones, pedimos una nueva primavera, donde estalle el gozo de seguir a Cristo en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el matrimonio, viviendo una vida laical en las entrañas del mundo y siempre sirviendo a los pobres.







