El 21 de marzo se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down. En España el 90 % de los embarazos de niños con esta discapacidad se abortan
Sofía tiene 18 años y levanta pasiones allá a donde va. Estudia un curso de auxiliar de cocina en el colegio María Corredentora de Madrid, trabaja de vez en cuando de camarera en el catering de Samantha Vallejo Nájera y es monaguillo en la parroquia Nuestra Señora de las Américas todos los domingos en la misa de 12.
Sofía nació antes de tiempo, muy prematura, y era un bebé -en realidad como todos- muy distinto a lo que sus padres se esperaban, su vida pendía de un hilo y tenía Síndrome de Down. Su madre Patricia Giral ha narrado en ECCLESIA que, durante el embarazo, «primero me dijeron que sería niña, en la semana 15 me dijeron que no, que era un niño, y luego cuando iba a nacer otra vez que es niña». Pero la sensación de que le habían «robado» a su niño —el que se había imaginado— se desvaneció con Sofía recién nacida, «lo que importaba era su vida». La pregunta de Patricia y su marido a los médicos no era sobre el síndrome Down de su hija, sino «¿qué hay que hacer para que salga adelante?». Su ímpetu cambió la mirada de los médicos, había que salvar a esa niña.
Si ahora cuando va por la calle con su madre despierta miradas de asombro por la felicidad que irradia, de pequeña iba conquistando corazones. Primero los de sus padres y el resto de la familia, y detrás de ellos todo su entorno: amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc. Estudia, trabaja y tiene una vida plena, como no se cansa de repetirle ella misma a su hermano Luis, que es un año menor que ella. En el colegio, que es de educación especial, recibe una formación muy completa, que incluye la esfera religiosa y espiritual, muy en sintonía con las catequesis de la parroquia de Nuestra Señora de las Américas, con la que realizan muchas actividades conjuntas.
Con 18 años de experiencia a sus espaldas, Patricia está muy agradecida por la vida de su hija Sofía, que, no oculta, conlleva más trabajo y más preocupación. Entiende el miedo de los médicos a dar una noticia como una discapacidad a unos padres, porque sabe que en la UCI en la que estuvo su hija, abandonaron a un niño síndrome Down poco tiempo antes. Por eso deberían estar muy formados en este tipo de situaciones y primar que «son personas que tienen sus sueños, sus ilusiones, sus amores, todo. Efectivamente, van a tener más dificultades en la vida, pero tampoco sabemos ninguno cuáles vamos a tener nosotros».
Hay muchos motivos para dar las gracias, así que para conmemorar este día la parroquia va a celebrar la Misa del domingo a las 12:30 horas por aquellos que tienen síndrome Down, en la que van a participar los catecúmenos de confirmación, entre ellos, Sofía.






