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Paula Sáenz: «El arte sacro solo me ha enseñado amor»

Hablamos con Paula Sáenz, la artista que ha realizado el belén que decora el Aula Pablo VI del Vaticano durante la Navidad. 

Paula Sáenz, una de las artistas de arte sacro más reconocidas de Costa Rica, es autora de numerosas obras entre las que se encuentran el Nacimiento Gaudium, que actualmente se encuentra expuesto en el Aula Pablo VI, o el mosaico de Nuestra Señora de los Ángeles, que decora los Jardines Vaticanos. Durante muchos años se dedicó profesionalmente al diseño publicitario, hasta que un milagro familiar la llevó a dejarlo todo y consagrar su vida al arte sacro. La artista atiende a ECCLESIA para hablar sobre su obra, el papel del arte sacro en nuestra sociedad y el milagro que cambió el rumbo de su vida. 

¿Qué mensaje hay detrás del «Nacimiento Gaudium»?

El primer mensaje es el de cuidar la vida de los bebés no nacidos, visibilizando lo que es la maternidad de María, porque en estos tiempos en los que se deshumaniza se dice que los bebés no son seres humanos, que son un cúmulo de células.

Pienso que a través de este Belén, visibilizando a nuestra Señora encinta, que casi no se muestra así en el arte sacro, se ofrece esa imagen que no suele aparecer. Si vemos los belenes, generalmente no está ella encinta, sino en un estado de adoración, cuidando al Niño Dios, o incluso no está el Niño Dios por el Adviento.

Entonces quise específicamente esto: dar un mensaje provida al mundo a través del Belén.

¿Cómo ha sido el camino hasta conseguir que una obra suya se exponga en el Vaticano?

Primero creo que es obra de la misericordia de Dios. Es verdad que yo ya tengo una obra en el Vaticano: la Virgen de los Ángeles. Y se me abrió mucho el camino con eso, ahí empezó. 

Después, un día en el 2022, estábamos viendo que en el aula de Pablo VI se estaba poniendo el pesebre de Guatemala. Y hablando con la Embajada ante la Santa Sede, nos preguntamos si eso era posible para Costa Rica 

Hace como dos meses y medio llamaron a la embajada y dijeron que si se podía adelantar dos años, porque estaba pensado para 2027. Para mí, en todo esto se ve la mano de Dios en cada paso. Este pesebre no solo tiene a la Virgen en cinta, sino que toda la paja o el musgo que se pone abajo del pesebre son cintas, y cada una simboliza una vida salvada del aborto, por el movimiento 40 Días por la Vida y otras dos instituciones más en Costa Rica que acogen a mujeres embarazadas que están pensando en abortar o que están en situación de calle.

Hablé con ellos y les pregunté cuántas vidas oficialmente contabilizadas habían sido salvadas. Tenían más de veinticinco mil. Cuando escuché eso pensé que iban a ser un montón de cintas. Siempre sentí en mi corazón que iba a ser el grito más grande de mi vida desde el Vaticano. Y así fue, porque la gente se pone a pensar en todas esas vidas salvadas gracias a la oración, en esos bebés cuyos corazones hoy laten, y eso invita también a rezar por el fin del aborto.

¿Cómo pasa de ser diseñadora publicitaria a dedicar su vida por entero al arte sacro?

Es muy bonito porque yo no he llevado una vida como debería. Aunque crecí en una familia en la que se rezaba a diario el santo rosario y se iba a misa, aun así, en los años de adolescencia y un poquito más, no era una persona que llevara una vida de piedad.

Me casé y empezamos mi esposo y yo a querer un bebé, a querer quedarme embarazada. Nos dimos cuenta de que yo tenía endometriosis y era muy difícil. Duramos ocho años haciéndome operaciones y tratando de curarme para poder quedar embarazada, y no se podía, era muy difícil. Entonces llega el milagro de que me quedo embarazada de mi hijo, que ahora tiene veintidós años.  Ahí es donde empieza todo, porque yo trabajaba en diseño publicitario, pero hay un cambio en el camino, y dije: «Dios mío, esto es algo, es un milagro que acaba de ocurrir. Yo para poder amarte tengo que conocerte». Porque uno realmente tiene que conocer para amar. 

Entonces me nació empezar a hacer ilustraciones de la Virgen María en diferentes advocaciones, pero al estilo infantil, porque mi hijo estaba en preescolar. Así fue como empecé. Empecé a hacer separadores de libros con las advocaciones, y la gente me decía: «¿pero por qué se dedica a eso si ya nadie cree en Dios? Si la gente está sacando a Dios de las familias o de las escuelas». Yo empecé a vender los separadores de libros y dije que la última palabra la iba a tener Dios, que yo iba a seguir y no me iba a detener, porque quería hacerlo como una ofrenda en agradecimiento por ese milagro.

Decidí no escuchar a las personas que me decían que me detuviera, que no hiciera un cambio tan drástico, que no dejara todo lo que tenía en diseño para dedicarme totalmente al arte sacro. Entré un tiempo a una escuela de iconografía de los Carmelitas Descalzos y entendí lo que significa y la importancia del arte sacro para las personas, porque es la vía de la belleza, como decía Benedicto XVI, una vía para elevar el corazón a Dios. Así es como empezó todo. 

¿Cuál es su proceso de creación a la hora de enfrentarse a una nueva obra?

Es hermoso porque muchas veces alguien llega y me habla de alguna advocación o de algún santo, pero muchas veces simplemente es una inspiración que me llega, y eso es el Espíritu Santo. 

Hay una Santa Cena que surgió estando yo en misa, en el momento de la consagración. Esa imagen la tuve en el corazón; es muy lindo porque está Jesús vestido de sacerdote en una cruz. De hecho, esa cruz se la di al papa Francisco, el original.

Mi proceso es que, una vez que tengo en el corazón ese fuego, ese llamado a escribir un ícono, tengo que ponerlo mucho en oración. Tengo que ayunar y rezar bastante. Si es un ícono pedido por una iglesia o una parroquia, pido el acompañamiento de la oración de ellos. Yo escojo una fecha mariana para empezar a escribirlo y les aviso. Entonces tengo ese abrazo de la Iglesia mientras empiezo a escribir. Es muy bonito.

Hay una tradición muy bonita al escribir un ícono: antes de empezar a revestirlo de pintura se escribe una petición, o varias, o una frase del Evangelio, o alguna jaculatoria. Eso queda tapado por la pintura. Entonces, cada vez que se reza frente al ícono, se reza también por esas intenciones que están ahí. Muchas veces personas me escriben y me preguntan si estoy escribiendo tal ícono y me piden que ponga ahí la intención de su salud. Yo se la pongo, le tomo una foto y solo se la mando a esa persona.

¿Cree que el arte sacro sigue siendo importante a día de hoy?

Es importantísimo, porque por medio de las imágenes hay un lenguaje universal: no hay barrera del idioma. Llegamos a un punto en que todo es minimalista, todo tiene que ser blanco, muy limpio o gris, siento que nos hace falta volver a la Iglesia primitiva, que por medio de las imágenes evangelizaba.

Necesitamos entender que Dios se vale de nuestros sentidos para poder comunicarse con nosotros, para revelarse o para utilizarnos como instrumentos. A eso me refiero cuando digo que, por medio de los sentidos, Dios está presente en todas las Sagradas Escrituras: acude a los perfumes, a la comida, al tacto; todo eso está ahí.

Por medio de los sentidos, también de la vista, cuando encendemos una vela, nos ponemos frente a un ícono, colocamos un incienso… todo eso forma parte de envolvernos en esa atmósfera para poder orar y elevar nuestra oración a Él.

Es muy bonito cuando las personas llegan a mi taller y contemplan algún ícono, por ejemplo de Nuestra Señora. A cada persona Dios le habla de manera distinta, porque es una relación íntima con cada una. Lo he visto y he sido testigo de ello: una persona se pone a llorar al ver una imagen, mientras otra se llena de gozo porque dice que necesitaba ver ese rostro en ese momento y que fue una respuesta para ella.

Entonces se ve lo importante que es el arte sacro bien canalizado. Eso sí quiero enfatizarlo: el arte sacro no es hacer lo que a uno se le ocurra. Tiene que ir de la mano del magisterio, de la tradición y del Evangelio, porque si no, puede desviar a la persona. Por eso es tan importante.

¿Cree entonces que la belleza salvará al mundo?

Sí, como decía Fiódor Dostoyevski, la belleza es la que va a salvar al mundo, porque la belleza suprema es Dios, y Él, por medio de la belleza, es como nos llama y como nos enamora.

Cada pequeño detalle cuenta. Yo le pido a las personas que vean la belleza en su entorno, pero a veces estamos tan llenos de ruido que no vemos esa belleza que Dios nos pone alrededor: esa pequeña flor, ese pajarito que canta afuera, esas nubes, ese cielo azul. Todo eso Él lo hizo para nosotros, para que por medio de la belleza lo veamos a Él.

Así que sí, la belleza salvará al mundo. 

¿Qué le ha enseñado el arte sacro sobre Dios?

Solo me ha enseñado amor.

Eso es lo que yo podría decir: por medio del arte sacro he podido sentir el amor de Dios, un amor que nada más me ha dado en este mundo, solo la belleza de Él. No sé cómo explicártelo; solo lo puedo resumir en una palabra, que es el amor. 

Por medio del arte sacro he podido conocer testimonios de personas que me han enseñado sobre el amor. He podido palpar también lo que es el sufrimiento, pero de una forma de redención, se puede decir. Personas que, por medio del arte sacro… te doy un ejemplo: alguien que llegó a mi taller compró un ícono del Corazón de Jesús y se lo llevó a su casa.

El esposo de ella tenía ese ícono desde hacía mucho tiempo, pero él tenía una enfermedad también desde hacía mucho tiempo. Llegó el día en que él estaba agonizando y lo que pidió fue que trajeran ese ícono frente a él. Cuando lo pusieron delante, el ícono del Sagrado Corazón que escribí, él tuvo una sonrisa y dijo: «Esto es lo que quería ver, gracias, es el rostro que yo quería ver en este momento». Y en ese momento falleció.

Todas estas historias son pequeñas piezas de un rompecabezas que van armando ese amor tan grande que Dios tiene por nosotros. Por eso te digo que, en realidad, lo que Dios me ha enseñado a mí a través del arte sacro es el amor, pero no solo entre Él y yo, sino que lo veo a través del prójimo, alrededor de todo lo que he visto, del impacto que tiene el arte sacro en las personas. Ahí es donde veo el amor.

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