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Pierbattista Pizzaballa, el cardenal que fue fraile de niño

Pierbattista Pizzaballa es italiano, pero ha vivido más tiempo de su vida en Tierra Santa que en su patria.

Pierbattista Pizzaballa nació en 1965 en un pequeñísimo pueblo de la Lombardia, cerca de Bérgamo, Cologno al Serio. Con solo seis años conoció a los frailes franciscanos y decidió irse a vivir con ellos, por lo que estudió en el Seminario Menor “Le Grazie” de Rimini. Al acabar sus estudios entró formalmente a la orden de Frailes Menores.

A los 19 años dejó Italia para irse a estudiar a Jerusalén y especializarse en el estudio de la Biblia, y allí entró a formar parte de la Custodia de Tierra Santa, a la que pertenecen los franciscanos de Israel, Palestina, Jordania, Siria, Egipto y Chipre. En 1995, se encargó de la publicación del Misal Romano en hebreo para la comunidad católica de Israel. En la Custodia se hizo cargo de la pastoral de un grupo muy reducido de católicos de lengua hebrea, y posteriormente fue superior del convento franciscano de Jerusalén.

Desempeñó el cargo de Vicario General del Patriarca Latino en Jerusalén para la atención pastoral de los católicos de expresión hebrea en Israel. Y en 2008 empezó a ser Consultor en la Comisión para las Relaciones con el Judaísmo del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. En 2004 fue nombrado Custodio de Tierra Santa, un cargo que ha ido renovando hasta 2016, y que le llevó a hacer una entrada solemne en el Santo Sepulcro, en Belén y en Nazaret. En 2014, organizó el rezo por la paz del papa Francisco con Shimon Peres y Mahmud Abás ante el Muro de las Lamentaciones.

En junio de 2016, el papa Francisco le nombró Administrador Apostólico del Patriarcado latino de Jerusalén sede vacante, hasta que en 2020 ocupó formalmente el cargo de Patriarca Latino de Jerusalén. Tres años más tarde, en 2023, Francisco le hizo cardenal. Como administrador, Pizzaballa puso en orden las finanzas, y como patriarca ha trabajado por el diálogo interreligioso y con las autoridades locales.

En el actual conflicto entre Israel y Gaza no se ha cansado de clamar por la paz, y lo ha hecho no solo con palabras sino con gestos. El más llamativo, su ofrecimiento a cambiarse por los niños israelíes retenidos en Gaza, como dijo: «cualquier cosa, si eso puede conducir a la libertad y a traer a esos niños a casa. No hay problema». Y como un voluntario más, no ha dudado en cruzar la frontera y pisar la franja para visitar a los 135 católicos que viven allí y llevar ayuda humanitaria. La última visita, sorpresa, fue el 22 de diciembre de 2024, víspera de Navidad.

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