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Pilar Shannon: «Queremos un Mediterráneo más unido y fortalecer la fe de los jóvenes»

Mediterráneo

más unido y

fortalecer la fe

La española Pilar Shannon Pérez Brown es la nueva presidenta del Consejo de Jóvenes del Mediterráneo desde este verano. Atiende a ECCLESIA tras su nombramiento, un encargo que afronta como «un regalo del Señor». Este organismo reunió del 10 al 16 de julio en Florencia a 34 participantes de 18 países. Una reunión que abordó cuestiones como el diálogo, la fe, la actividad en la vida pública y la hospitalidad. Fue inspirado en 2022 durante el encuentro de obispos y alcaldes del Mediterráneo en esta ciudad italiana. Pilar Shannon Pérez Brown es una joven «con vocación a la vida pública». Nos explica su experiencia y cómo surgió la oportunidad de poder participar en este evento.

¿Cómo surge el Consejo de Jóvenes?
—El Consejo de Jóvenes del Mediterráneo se creó en el mes de julio y la idea era crear un espacio en el que los jóvenes de toda la región del Mediterráneo pudiéramos compartir nuestras experiencias de fe y nuestras dificultades. También se realizó para que expusiéramos los proyectos que teníamos y para apoyarnos entre los distintos países con el fin de que cada iniciativa concreta pudiera servir en diversos lugares. Otro de los objetivos es unir más la región a través de los proyectos.

 

¿Cómo vivió los días del encuentro en Florencia?
—Los primeros días fueron para conocernos, para descubrir un poco Italia y hacer actividades de convivencia. Luego hablamos de temas distintos con mucha más confianza. Identificamos los problemas que puede tener cada persona en su país o con qué iniciativas cuentan. Fueron tres días de reflexión y también de actividad. El último día nos reunimos todos para llegar a las conclusiones de toda la semana y ver con qué proyectos queríamos seguir adelante. Se creó un comité de cuatro personas formado por representantes de cada una de las regiones que hay en el organismo: sur de Europa, que engloba España, Francia, Italia y Malta, representada por mí; la zona de los Balcanes, que agrupa a Eslovenia, Bosnia, Croacia, Grecia, Chipre, Turquía y Albania, representada por Alks Birsa Jogan; la zona de Oriente Medio, en la que hay gente del Líbano, Siria, Palestina e Irak y cuyo representante es Emile Falhoury; y la última región es la del norte de África, que engloba a Argelia y Túnez y su representante es Maher Dridi. Una vez conformado el comité se eligió a la presidenta, yo misma.

¿Qué supone para usted presidir este comité y qué retos tienen por delante? 
—Van a ser cuatro años de trabajo, de reuniones y de llevar a cabo propuestas para crear un Mediterráneo más unido y para promover y fortalecer la fe de los jóvenes en la región. También para tener experiencias de conocimiento mutuo. Como presidenta, lo que quiero conseguir es que se lleven a cabo todos los proyectos que puedan ser beneficiosos para los distintos países, asegurarme de que los grupos estén participando en ellos, que se trabaje bien y nos escuchemos unos a otros. Al final, todo se resume en el buen funcionamiento de este consejo.

—¿Cómo nace su relación con la Iglesia y la participación en el evento de Florencia? 
—Para mí ha sido un gran regalo. Siempre he sentido que tenía vocación a la vida pública desde muy joven y he pensado que quería estar metida en el meollo para mejorar las cosas. Hace dos años, decidí involucrarme en la Delegación de Juventud de la archidiócesis de Madrid y este año, en febrero, me invitaron a participar en el proyecto marco que iba a tener lugar en Valladolid. Ahí conocí a Raúl Tinajero, director del Departamento de Pastoral de Juventud de la Conferencia Episcopal Española (CEE). A través de un grupo de WhatsApp, este sacerdote me envió información sobre este encuentro que iba a celebrarse en Florencia y al ver los requisitos y la misión del consejo me di cuenta de que encajaba perfectamente con mi perfil. Hablo cuatro idiomas y poner mis dones al servicio de la Iglesia me hacía ilusión. Además, era algo que está relacionado con las relaciones internacionales, que es lo que estudié. Era perfecto. Yo pensé: «Señor, si me quieres ahí, para allá que voy». Fui muy entregada y feliz. Finalmente, Raúl Tinajero me dijo que la cosa salía adelante y acudí con otros compañeros. Ha sido una suerte conocer a tanta gente.

 —Este verano la cita más importante para los jóvenes fue la Jornada Mundial de Juventud que se celebró en Lisboa ¿Cómo la vivió? 
—Fue otro regalo de Dios. Hubo muchas dificultades, como en todos los grupos, por el calor o la gran cantidad de gente. A pesar de esto, fue una pasada ver la entrega de todo el mundo. Pude encontrarme también con mucha gente que participó en el Consejo del Mediterráneo y fue bonito. Hubo un encuentro que organizaron desde la diócesis de Lisboa con la Iglesia de Oriente y Occidente y ahí estuvieron todos mis amigos libaneses y armenios. Fui con algunos amigos de mi parroquia que les gusta también mucho este tema y resultó ser muy especial, porque los presenté. El encuentro fue muy bien, una especie de premio de lo que puede llegar a ser realmente el consejo, uniendo las distintas culturas, conociéndonos mejor. Fue muy bonito compartir todo eso. 

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