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Primer sínodo de Gipuzkoa, una apuesta por «crear relaciones, escuchar nuevas voces y fortalecer el sentido de pertenencia»

Pedro Luis Uranga Urteaga, delegado episcopal para la Formación de la diócesis de San Sebastián, analiza en ECCLESIA este hito sin precedentes en el camino de la comunidad diocesana

La Iglesia que peregrina en Gipuzkoa ha convocado por primera vez en su historia un sínodo diocesano. Pedro Luis Uranga Urteaga, representante de la Delegación Episcopal para la Formación de la diócesis de San Sebastián, relata a ECCLESIA las claves, fases y objetivos de este camino sin precedentes. Bajo el lema «Zurekin – Contigo», el proceso busca impulsar la renovación pastoral y la adecuación de las estructuras eclesiales mediante la comunión, la corresponsabilidad y el discernimiento comunitario de todo el pueblo de Dios.

—¿Qué representa este hito para la Iglesia en Gipuzkoa? Tras el encuentro multitudinario en el Seminario de San Sebastián, con cerca de 350 personas, ¿cuál es el objetivo central de este camino?

—La convocatoria de nuestro primer sínodo diocesano representa un paso decisivo en la renovación pastoral y misionera de nuestra Iglesia. Un camino que hunde sus raíces en el esfuerzo realizado durante los años 80 para acoger el Concilio Vaticano II. Nuestro objetivo es abrirnos a la acción del Espíritu Santo para que la comunidad cristiana de Gipuzkoa discierna, juntos, cómo renovar nuestra Iglesia y su misión en este cambio de época. Queremos redescubrir nuestra vocación bautismal, fortalecer la comunión y el sentido de pertenencia eclesial, y crecer en la corresponsabilidad de todo el pueblo de Dios. Esto exigirá también adecuar nuestras estructuras pastorales a las necesidades actuales de la misión.

—¿Por qué convocar un sínodo en este momento? ¿En qué aspectos concretos se busca transformar la vida diocesana?

—El Sínodo sobre la sinodalidad ha destacado la importancia de los sínodos diocesanos como expresión privilegiada de la participación del pueblo de Dios. Nosotros queremos discernir sobre el conjunto de la vida diocesana en cinco grandes áreas. La primera es la espiritualidad: una vida arraigada en Jesucristo, animada por el Espíritu y orientada hacia el Padre, que se traduzca en comunión y servicio, especialmente a las personas más necesitadas. La segunda, la vida pastoral: el anuncio y la transmisión de la fe, la celebración y la caridad. La tercera sería la corresponsabilidad, con especial atención a los equipos pastorales y los ministerios laicales. La cuarta, las estructuras diocesanas, que deben responder a las necesidades de las comunidades y de la misión. Y, finalmente, la economía y el patrimonio, que también han de estar al servicio de la evangelización.

—¿Cómo se articulan las vías de participación? ¿Cómo pueden implicarse las parroquias, comunidades y fieles en el día a día?

—Todos podemos participar. Ante todo, mediante la oración personal y comunitaria, para la que hemos preparado una oración, un himno y diversos materiales litúrgicos. También dando a conocer el sínodo e invitando a otras personas a participar. Hasta final de año se podrá responder a una encuesta sinodal y, a partir de enero, incorporarse a los grupos sinodales, que serán espacios de oración, escucha mutua y discernimiento comunitario. En octubre de 2027 comenzará la Asamblea Sinodal. Después llegará una etapa decisiva: acoger sus frutos y llevarlos a la vida de nuestras comunidades.

—¿En qué consiste la encuesta sinodal? ¿Quiénes pueden responderla? ¿De qué manera se integrarán sus aportaciones?

—La encuesta tiene un doble objetivo: ayudar a tomar conciencia de la situación y los desafíos de nuestra Iglesia, y escuchar las preocupaciones y prioridades de los católicos de Gipuzkoa. Consta de 32 preguntas sobre las cinco grandes áreas del sínodo y está dirigida a todos los católicos mayores de 16 años, participen habitualmente o no en la vida parroquial. Queremos llegar al mayor número posible de personas. No buscamos realizar un estudio sociológico representativo, sino recoger aportaciones que ayuden al discernimiento sinodal. No se trata de decidir por mayoría, sino de escuchar ampliamente para discernir juntos lo que el Espíritu pide hoy a nuestra Iglesia.

—¿Qué mensaje busca transmitir el lema «Zurekin – Contigo»? ¿De qué manera refleja el propósito de construir una Iglesia más participativa, cercana y abierta?

—«Zurekin – Contigo» expresa una doble llamada. En primer lugar, es una oración dirigida al Señor: queremos caminar con Él, no individualmente, porque solo desde el encuentro con Cristo y guiados por su Espíritu podremos renovar nuestra Iglesia. En segundo lugar, es una invitación personal a cada bautizado: contamos contigo, con tu voz y con tu participación. Todos somos importantes para Dios y todos tenemos algo que aportar a la vida y misión de la Iglesia. Ambas dimensiones están profundamente unidas: la comunión con Cristo alimenta nuestra comunión fraterna y nos impulsa a ser una Iglesia más cercana, participativa y misionera.

—¿Cuáles son los siguientes pasos tras la apertura?

—Tras la apertura, el pasado 17 de octubre, hemos iniciado una fase de sensibilización que se prolongará hasta final de año. Queremos explicar qué es un sínodo diocesano, por qué lo convocamos y cómo participar. Para ello hemos preparado materiales de difusión, una página web —www.sinodoa.elizagipuzkoa.org— y encuentros en las distintas zonas y parroquias. Durante estos meses realizaremos también la encuesta sinodal y celebraremos tres jornadas formativas. En enero de 2027 comenzará el trabajo de los grupos sinodales, que prepararán el camino hacia la Asamblea Sinodal, prevista a partir de octubre del próximo año.

—¿Cómo buscan involucrar a las personas alejadas de la vida parroquial habitual?

—Este es uno de nuestros grandes retos. La vida de nuestra Iglesia es mucho más amplia que la participación habitual en las parroquias. Queremos llegar a las madres y padres de catequesis, los jóvenes, las personas vinculadas a la educación católica, las personas migradas, los catecúmenos adultos, el voluntariado de Cáritas y otras iniciativas sociocaritativas, así como a quienes participan en movimientos y comunidades religiosas. También queremos escuchar a quienes mantienen una vinculación más distante con la Iglesia. La invitación personal y los medios de comunicación serán importantes para conseguirlo. No buscamos simplemente aumentar la participación, sino crear relaciones, escuchar nuevas voces y fortalecer el sentido de pertenencia eclesial. La mies es mucha…

—¿Qué papel juegan las jornadas formativas en el acompañamiento del proceso y cuáles serán los temas o aspectos clave?

—Las jornadas quieren ayudarnos a comprender qué es un sínodo, superar prejuicios y prepararnos espiritualmente para participar en él. También buscamos construir una comprensión compartida de lo que vamos a vivir como Iglesia diocesana. Se organizarán en torno a tres preguntas: qué es un sínodo diocesano, para qué se celebra y cómo se desarrolla. Contaremos con tres especialistas de reconocido prestigio. El 5 de noviembre, nos visitará monseñor Francisco Conesa, obispo de Solsona. El 23 de noviembre, será el turno de Carmen Peña, profesora de la Universidad Pontificia Comillas. Y las jornadas finalizarán el 3 de diciembre de la mano de José San José Prisco, decano de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Una magnífica oportunidad para nuestra diócesis.

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