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Monjes trapenses

Jornada Pro Orantibus: «La vida contemplativa nos saca del propio interés y nos ayuda a acoger el querer del Padre»

El mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada invita a recordar «con gratitud en nuestra oración» a «aquellos que se han consagrado enteramente a vivir a la luz del misterio eterno, los que rezan»

Como cada año ante la jornada Pro Orantibus, los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada quieren recordar «con gratitud en nuestra oración a aquellos que se han consagrado enteramente a vivir a la luz del misterio eterno. Ellos y ellas son “los que rezan”», según un comunicado hecho público por la Conferencia Episcopal. Con la celebración litúrgica de la solemnidad de la Santísima Trinidad, un año más llega el momento de poner en el centro a los miembros de la vida consagrada, a quienes han hecho «de la actitud orante —que es inherente a la fe, pero se modula de distintos modos según los carismas— regla y medida de todas las cosas: las internas y las externas, las personales y las comunes, las decisivas y las pasajeras, las del corazón y las del mundo». Y este 2024 lo haremos con un lema claro y cristalino: «Contemplando tu rostro, aprendemos a decir: “¡Hágase tu voluntad!”».

En palabras de la Comisión para la Vida Consagrada, «atravesar los muros de un monasterio permite comprobar que allí la realidad se rige por una ley que surge de las entrañas del Evangelio. Contemplar para asentir a la verdad y la bondad y la belleza del Dios que se revela a cada instante». Una vez dentro, el visitante encuentra a María de Betania y a la Virgen, madre del Señor, como referentes absolutos de los consagrados contemplativos, pues ambas están «cerca del Señor en toda circunstancia, incluso allí donde imperan las tinieblas del dolor y el sinsentido: en la tumba del hermano muerto o en la cruz del hijo agonizante».

Las dos Marías, prosigue la nota de los obispos, «representan ejemplos eximios de la vocación contemplativa en la Iglesia», porque en ellas «se cumple esa peregrinación interior por la que la visión humilde del Señor en todo tiempo y lugar termina traduciéndose en una senda esforzada de discipulado». Y, en su historia, «conocemos la verdad profunda del seguimiento del Señor para todos, pues comprendemos que quien pone sus ojos en Cristo con serenidad y sinceridad no puede dejar de mirar lo que él mira y de caminar por donde él camina».

Así las cosas, los obispos concluyen su mensaje con una invitación a entrar «en el misterio a través de la contemplación obediente o de la obediencia contemplativa». Al mirarnos en el rostro de Cristo, «como la vida contemplativa hace y nos invita a hacer, dejamos por un momento de considerar nuestro propio interés para acoger el querer del Padre. Y el querer del Padre no es sino que el hombre viva conforme a la gloria del rostro de su Hijo». Hagámoslo, por tanto, de la mano de «los que rezan», todos esos hombres y mujeres que, a lo largo de milenios y hasta los confines de la tierra, han entregado su vida a esta vocación orante de entrega radical. «En su existencia transfigurada a la luz del Resucitado hallamos —hoy y siempre— un motivo esperanzado de acción de gracias y un vivo aguijón que nos espolea hacia una obediencia cada vez mayor en la propia vivencia de la fe».

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