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Doctrina de la fe publica ‘Gestis verbisque’: «Para la validez de los sacramentos, fórmulas y materia no pueden modificarse»

La Santa Sede reitera que las palabras y los elementos establecidos en el rito esencial de cada sacramento no pueden ser modificados porque en tal caso el sacramento no existe

El Dicasterio para la Doctrina de la fe ha publicado un documento titulado Gestis vebisque, aprobado por el papa Francisco, en el que se deja claro que las fórmulas y los elementos materiales establecidos en el rito esencial del sacramento no se pueden cambiar a voluntad en nombre de la creatividad. Si se hiciese el sacramento no sería válido.

Según explica en la presentación el prefecto, cardenal Víctor Manuel Fernández, se han multiplicado las situaciones en las que se ha constatado la invalidez de los sacramentos, por lo que tuvieron que ser repetidos, por lo que «un número significativo de fieles había expresado con razón su malestar».

«Mientras en otros ámbitos de la acción pastoral de la Iglesia hay un amplio espacio para la creatividad, en el ámbito de la celebración de los sacramentos, esta se transforma más bien en una voluntad manipuladora. […] A los ministros se nos exige superar la tentación de sentirnos dueños de la Iglesia y que los fieles tienen derecho, a su vez, a recibirlos tal como la Iglesia lo dispone», continúa.

Asimismo, tal y como se explica en Vatican News, se subraya que las intervenciones del Magisterio en materia sacramental «siempre han estado motivadas por la preocupación fundamental de la fidelidad al misterio celebrado».

«La Iglesia, en efecto, tiene el deber de asegurar la prioridad de la acción de Dios y salvaguardar la unidad del Cuerpo de Cristo en aquellas acciones que no tienen igual porque son sagradas por excelencia con una eficacia garantizada por la acción sacerdotal de Cristo», agrega

La materia y la forma

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Se explica también que la «materia del sacramento consiste en la acción humana a través de la cual actúa Cristo. En ella hay a veces un elemento material (agua, pan, vino, aceite), otras veces un gesto particularmente elocuente (señal de la cruz, imposición de las manos, inmersión, infusión, consentimiento, unción)».

Una corporeidad que es «indispensable porque enraíza el sacramento no solo en la historia humana, sino también, más fundamentalmente, en el orden simbólico de la Creación y lo remite al misterio de la Encarnación del Verbo y de la Redención obrada por Él». 

En cuanto a la forma, ella «está constituida por la palabra, que confiere un significado trascendente a la materia, transfigurando el sentido ordinario del elemento material y el sentido puramente humano de la acción realizada. […] Por tanto, materia y forma nunca han dependido ni pueden depender de la voluntad del individuo o de la comunidad individual». 

En este sentido, afirma: «Lo que está escrito en los libros litúrgicos promulgados debe ser fielmente observado sin añadir, quitar o cambiar nada». 

Además, se esclarece que la liturgia permite la variedad que preserva a la Iglesia de la «rígida uniformidad». Como se lee en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium. Pero esta variedad y creatividad, que favorecen una mayor inteligibilidad del rito y la participación activa de los fieles, no puede afectar a lo esencial de la celebración de los sacramentos. «Parece cada vez más urgente madurar un arte de celebrar que, manteniéndose a distancia tanto de una rúbrica rígida como de una fantasía desenfrenada, conduzca a una disciplina que hay que respetar, precisamente para ser auténticos discípulos». 

Riqueza de los sacramentos

En sus conclusiones, el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe cita las palabras de san Pablo, una antítesis utilizada «para subrayar cómo la sublimidad del poder de Dios se revela a través de la debilidad de su ministerio de anunciador, que también describe bien lo que sucede en los sacramentos. Toda la Iglesia está llamada a custodiar la riqueza contenida en ellos, para que nunca se oscurezca la primacía de la acción salvífica de Dios en la historia, ni siquiera en la frágil mediación de signos y gestos propios de la naturaleza humana».

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