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¿Qué despierta realmente El Despertar?

Este sábado, Madrid acogió el evento El Despertar, un encuentro que congregó a más de 6.000 jóvenes en torno al silencio, el diálogo y la acción. Lo que para algunos fue una manifestación de libertad religiosa y búsqueda interior, para otros representó un inquietante laboratorio ideológico donde la fe y la política parecen entrelazarse de manera cada vez más difusa.

No estamos ante un evento menor ni anecdótico. El Despertar es una muestra más de la tensión que vive gran parte del mundo occidental: la lucha por el sentido, la pertenencia y la verdad en una época de incertidumbre.

España ha visto crecer, en los últimos años, diversos movimientos juveniles religiosos en redes sociales, universidades y espacios culturales. La llamada «derecha joven» ha aprendido a hablar el lenguaje de Instagram, TikTok y YouTube, combinando estética moderna con los valores tradicionales.

Por tanto, eventos como El Despertar no surgen en el vacío. Son respuesta a un malestar generacional: precariedad, soledad, crisis de confianza en las instituciones y sensación de pérdida de rumbo moral. Frente a ese vacío, muchos jóvenes encuentran en la fe, la comunidad y el orden una fuente de estabilidad y propósito. En un mundo fluido se buscan pilares que puedan hacer frente a las aguas que cambian sin descanso. Pero, también existe la amenaza de que estos espacios nuevos se conviertan en burbujas de expresiones políticas excluyentes. 

El Despertar merece ser tomado en serio, pero también examinado críticamente. Es importante la apuesta por el silencio, la reflexión y la comunidad, pero preocupa que todo pueda ser guiado por un pensamiento polarizante más, que en vez de sanar provoque nuevas heridas.

Por tanto, no se trata de tomar posición a favor o en contra al evento, sino preguntarnos: ¿despierta realmente a los jóvenes o los encuadra dentro de una sola manera de ver el mundo? 

Quienes apoyan El Despertar encuentran en sus proyectos 

  • Un espacio donde los jóvenes pueden encontrar una espiritualidad y silencio como presencia activa.
  • Un cultivo de valores tradicionales que construyen la familia, el perdón, la responsabilidad y la transcendencia. 
  • Una reacción a todas las promesas no realizadas y frente a un mundo que busca una salida.

Desde estas claves, podríamos decir simplemente que El Despertar no es un acto político sino un verdadero despertar espiritual necesario en nuestro mundo actual. Pero, estos puntos, no están carentes de objeciones:

Podríamos empezar diciendo que la espiritualidad siempre conlleva una visión del mundo y cuando esta visión se mezcla con propuestas políticas existe el riesgo de una clara manipulación emocional. 

La espiritualidad no es neutral: siempre está mediada por una visión del mundo. Cuando un evento mezcla fe con estética política, existe el riesgo de manipulación emocional.

Los valores tradicionales, para seguir siendo referentes, deben ser capaces de dialogar con el contexto actual y sin excluir a una parte importante del mundo en que vivimos. 

Y, por último, el silencio siempre nos debe conducir a un pensamiento libre y explicar en sus diversas formas. El silencio nos invita a contemplar la pluralidad de lo que nos rodea. 

Por tanto, creo importante considerar que El Despertar, ofrece propuestas importantes a tener en cuenta y a no perder de vista:

  • La invitación a pararse, detenerse, y observar otras propuestas en estas sociedades aceleradas. Invita a los jóvenes a detenerse, algo poco común en nuestra frenética sociedad.
  • Recupera la dimensión espiritual del ser humano con el deseo de integrar todas las experiencias la vida y encontrar un sentido en nuestra vida. Llamada a vivir la vocación de cada uno.
  • Frente a la soledad que ofrece la digitalización, se responde con la vivencia de las relaciones humanas con la experiencia de la comunidad.
  • Plantea preguntas profundas sobre el sentido de la vida, la identidad y el propósito.

Si el evento realmente fomenta el diálogo, la escucha y el pensamiento crítico creo que podría convertirse en una oportunidad para reconocernos hijos y hermanos, para vivir nuestra vocación y responder con solidaridad a los problemas del mundo.

No creo que El Despertar deba ser, o busque ser, el antídoto de lo que España y otros países occidentales necesiten, pero si me parece oportuno señalar que quizás esté ayudando a descubrir aspectos relevantes que estaban ocultos o eran indiferentes para muchos. 

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