El cardenal David presenta la experiencia de acompañamiento a familias en dificultades en Kalookan (Filipinas): «Una familia frágil necesita algo más que un simple consejo pastoral. Necesita una comunidad que pueda ayudarla a llevar lo que ya no es capaz de llevar por sí sola»
Este lunes ha tenido lugar una nueva jornada de trabajo del encuentro convocado por el papa León XIV a los diez años de la Amoris laetitia. En esta ocasión, el tema abordado has sido el de las dificultades y fragilidades de la familia, que la exhortación apostólica, según ha recordado el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, invita a acompañar, evitando juicios precipitados.
Esta es una de las claves que ha presentado el cardenal Pablo Virgilio Siongco David, obispo de Kalookan (Filipinas). De su experiencia nace la afirmación de que la fragilidad de las familias no siempre está vinculada a decisiones personales, sino a cuestiones como la pobreza, la migración, la violencia, la injusticia…
«Estas realidades pueden limitar gravemente la libertad de las personas y su capacidad incluso para acercarse al ideal cristiano de la vida familiar», añadió. Y, por eso, subrayó, Amoris laetitia han sido tan importante. «No nos pide que abandonemos el ideal. Nos pide que acompañemos a personas reales en el camino, a menudo doloroso, que separa del ideal de su situación concreta», agregó.
El purpurado presentó una iniciativa novedosa. Se trata de las Estaciones Misioneras: «Pequeñas comunidades eclesiales que hemos fundado en los barrios a los que nuestras estructuras parroquiales habituales apenas lograban llegar. Sacerdotes, religiosos y misioneros laicos comenzaron recorriendo las calles y escuchando. Al final, los propios pobres se han convertido en guías pastorales y compañeros de camino para los demás».
Esta propuesta, dijo, ha enseñado a toda la diócesis la importancia de escuchar antes de hablar y a reconocer a Cristo ya presente en los pobres. «Nos han enseñado que la evangelización no consiste simplemente en llevar a Dios a las personas, como si Dios estuviera ausente de sus vidas. A menudo descubrimos que Dios ya ha llegado allí antes que nosotros», explicó.
Más que un consejo pastoral
Así, presentó algunas conclusiones de su experiencia. En primer lugar, que «una familia frágil necesita algo más que un simple consejo pastoral». «Necesita una comunidad que pueda ayudarla a llevar lo que ya no es capaz de llevar por sí sola», continuó.
Y, en segundo lugar, que la Iglesia no debe preguntarse solo hasta qué punto las familias llegan al ideal, sino acercarse a ellas en sus dificultades. «La Iglesia no puede esperar siempre a que sean las personas las que acudan a ella. A veces debe ir allí donde viven las personas, donde luchan, donde sufren, donde esperan… y descubrir que Cristo ya está allí, esperándonos», concluyó.






