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Monastaerio de Sahagún

Así es la realidad de la vida contemplativa en España

La Iglesia en 12 semanas aborda la labor callada y oculta de los casi 8.000 monjes y monjas contemplativos que habitan 712 monasterios en nuestro país

No es mal momento, cuando las miradas y los focos se dirigen a la crisis con las exclarisas de Belorado, de fijarse en la fidelidad de los casi 8.000 monjes y monjas de clausura que hay en nuestro país, según los datos de la Memoria de Actividades de la Iglesia Católica correspondiente a 2022. Contemplativos que habitan 712 monasterios y se dedican a la oración y la contemplación, convirtiéndose en el pulmón espiritual de la Iglesia.

Refugio para los que se sienten solos

Por ello, dentro de su campaña La Iglesia en 12 semanas, la Conferencia Episcopal Española pone el foco en esta forma de vida tan necesaria y aquellos que se entregan en ella. Como José Luis Galiana, del monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos, de la Orden del Císter: «Los monasterios dan hoy un sentido espiritual que llena».

Además, continúa, el monasterio es «un refugio para los que se sienten perdidos, una casa para pobres y peregrinos». «Es una casa abierta a todos, a todo aquel que busca a Dios de alguna manera, muchas veces sin saberlo», subraya.

En Valencia, en dos monasterios diferentes, viven en clausura sor María Rosa —franciscana de la Inmaculada— y la madre Dolores —agustina—. María Rosa recuerda que su vida está dedicada a «orar por el mundo entero».

Mientras, Dolores recuerda que, antes de ingresar en el convento, quería ser religiosa de vida activa. «Antes, valoraba más ayudar a los demás que la oración, pero es el Señor el que llama, el que pida y el que da la fuerza cada día […] Yo no me veía dentro y tardé meses en decidirme, pero fue entrar en sentirme la más feliz del mundo. Llevo aquí 49 años», cuenta.

Elsa Campa, carmelita descalza: «Estamos con el mundo y por el mundo»

Y en Oviedo está la madre Elsa Campa, carmelita descalza, consultora, además, del Dicasterio para la Vida Consagrada: «Es una vida plena y se vive con mucha alegría y con gozo. Sintiéndonos, como diría santa Teresa, hijas de la Iglesia, con esa profundidad de entrega y de cariño hacia toda la humanidad».

También destaca que no son ajenas al sufrimiento de las personas que están fuera, pues «todos esos rostros los presentamos diariamente al Señor como parte nuestra». «Estamos con el mundo y por el mundo. Aunque un poco alejadas, eso no significa que no llevemos dentro a todas las personas», concluye.

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