“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo” (Mt 13,44)
- En esta cultura que se considera como “líquida”, es urgente hacernos una pregunta como esta: ¿Alguien considera el reino de Dios como un tesoro escondido?
- ¿Por qué causa tanto asombro que un hombre conocido en todo el mundo no se avergüence de manifestar públicamente su fe?
- ¿Hay todavía algunas personas que están dispuestas a dejar lo que consideran sus bienes para poder adquirir el tesoro que han encontrado?
- Haciendo nuestra la oración que Jesús enseñó a sus discípulos, pedimos al Padre que venga a nosotros su reino. ¿Qué nos exige esa venida que decimos esperar?
- Si hemos tenido la suerte, o mejor la gracia de descubrir el reino de Dios y su valor, ¿de qué deberíamos desprendernos para gozar de él?
- ¿Cómo podrían cambiar nuestras estructuras políticas, sociales y eclesiásticas si de verdad descubriéramos la grandeza y el valor del reino de Dios?
- ¿Me pregunto personalmente qué aficiones o tareas tendré que dejar para conseguir gozar de la presencia del reino de Dios?







