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Saludo navideño a la curia

I.- Muy próximo ya el acontecimiento de la Navidad, la primera palabra que me viene al corazón y a los labios, al veros juntos en esta mañana, es: ¡GRACIAS!

GRACIAS de corazón, en primer lugar, a Dios, por ser un Dios-con-nosotros.

Podría haber sido de otro modo. Pero decidió abajarse a nuestra condición humana y apostó por el riesgo de ser uno más para salvarnos. Sabemos que ese derroche de amor le salió caro. Pero eso no toca celebrarlo ahora.

Dios-con-nosotros afirma que todas las personas tenemos salvación. No todo está perdido. Si, Él está junto a todos nosotros y alrededor nuestro. ¿No crees que tenemos salvación? ¿Quién estará entonces en contra? Con Él todo cobra sentido. Hasta el nacer, llorar, crecer, trabajar o cuidar a los nuestros.

GRACIAS muy especiales a todos vosotros. Habitualmente cada uno está en su despacho, pegado a su ordenador, atendiendo su tarea y cometido. Veros juntos hoy aquí impresiona.

Vuestra tarea ayuda a darse cuenta de la ingente tarea evangelizadora de la Iglesia de Madrid en variedad de servicios y ocupaciones. Estáis en la Curia Central y en las periféricas, en Bailén y en las Vicarías, en las delegaciones, secretariados, comisiones y un largo etcétera de servicios que componen el entramado de la vida de la Iglesia que peregrina en Madrid.

GRACIAS por vuestro trabajo y por vuestra fidelidad a la Iglesia. No siempre es un trabajo bien comprendido y reconocido. Pero, sin ese generoso “cuarto de máquinas” que representáis, la barca de San Pedro, que navega muy cerquita del Manzanares, zozobraría y no llegaría a buen puerto.

II.- Es mi primer encuentro de Navidad con vosotros. Por eso, además de daros las gracias, quisiera resaltar brevemente algunas convicciones. Creo que nos ayudarán a llevar a cabo nuestra tarea con más fidelidad al Evangelio del Niño Dios que nos congrega anticipadamente esta mañana.

-La primera tiene que ver con el sentido y la pertenencia eclesial.

Queridos amigos, queridas amigas; sois la iglesia de Jesús que peregrina en Madrid.

Una Curia que fuese un “negociado” o un departamento que funcionara como un reloj, pero que pudiese ser replicado “sin alma” en cualquier otra organización humana, sería un ejemplo de excelencia en la gestión, pero no haría visible la Iglesia de Jesús. Desarrolláis una tarea fundamental en la construcción de la Iglesia visible. Sois un instrumento imprescindible que está al servicio de la comunión eclesial y al servicio del ministerio episcopal. Sois la continuación del obispo.

No se puede olvidar que la Curia está, por ello mismo, al servicio de los fieles, parroquias, asociaciones, vida consagrada y todas las realidades eclesiales que se articulan en la diócesis al servicio armónico de la evangelización.

-La segunda es que la Iglesia existe para evangelizar.

Así lo afirmaba textualmente san Pablo VI en la Evangelii nuntiandi. Así lo recoge con diversas expresiones muy plásticas el Papa Francisco, sobre todo cuando habla de “Iglesia en salida” u “Hospital de Campaña”. La Iglesia no vive para sí misma, para mantener estructuras. Todo cuanto hacemos es en vista a hacer posible que Cristo sea acogido y siga naciendo entre nosotros. Eso nos coloca en actitud de continua renovación.

A esta consideración, obvia entre nosotros, quisiera añadir un peldaño más: “La Curia existe para evangelizar”. Así es. Perder de vista esta orientación fundamental sería desnortar el trabajo. Por más que se multipliquen las acciones, por más esfuerzo y horas que se echen al trabajo de cada cual, fuera de ese horizonte, perderíamos la brújula y acabaríamos olvidando el sentido profundo y el saborear lo que hacemos.

Con esta orientación pastoral de la Curia, que recoge las directrices del Concilio Vaticano II, el Código de Derecho Canónico1 y de la misma constitución apostólica Predicate Evangelium del Papa Francisco, incluso las tareas aparentemente más mecánicas, sencillas o repetitivas, cobran un sentido imponente que dignifica a quienes las ejecutáis. Al mismo tiempo, testimonian el amor por el trabajo bien hecho. Amor que no se ve, pero se percibe cuando se ofrece.

Por eso os invito a que se note. Que cuantos se acerquen a nosotros vean que somos un cuerpo y que nos importa ser testigos de este evangelio al que servimos. Esta es la música que debe siempre sonar en nuestros trabajos entre papeles, emails, o llamadas de teléfono.

-La tercera es consecuencia de las dos anteriores. Porque la Curia existe para evangelizar y porque la Curia es la Iglesia de Jesús, necesitamos seguir cultivando y cuidando la fraternidad.

Somos signo de comunión y solidaridad con el obispo y con toda la Iglesia, por eso somos el rostro de esta Iglesia que es católica y es maternal.

Esto no es una oficina. Este es el espacio que ayuda al gobierno de la archidiócesis de Madrid para que la Iglesia se presente con rostro de acogida de modo que quien, por la razón que sea, tome contacto con nosotros, se quede impresionado y pueda decir: “qué gente más maja”, “qué bien se llevan”, “que amabilidad”, … En estos tiempos esto es casi provocativo incluso cuando no podamos dar la respuesta que esperaban o colmar todas sus aspiraciones.

El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium 63, previene frente a la desafección religiosa provocada por esas estructuras que nos son acogedoras, o las actitudes burocráticas que olvidan el predominio de lo pastoral sobre lo administrativo. Creo que estamos en buen camino para que cualquiera pueda decir: “Bailén es mi casa, allí me tratan bien”.

Es verdad que hemos de desmontar viejos mitos, hasta hemos de desmontar prejuicios de algunos. Por eso os invito a empeñarnos en sacar lo mejor de nosotros. Priorizar el trabajo en equipo y en red. No solo por departamentos cerrados, sino expresar lo bien que nos llevamos y las posibilidades que da el trabajo en fraternidad. Esa es la base de la Iglesia sinodal que anhelamos y estamos ya construyendo.

-La cuarta tiene que ver con la capacidad para ser más ágiles, más dinámicos y vivaces, para minimizar los trámites, ser eficientes y procurar la implicación personal en el trabajo.

No tenemos soluciones para todo, pero comprendemos a quien llega: al sacerdote que viene con sus problemas, o los novios que se acercan confundidos o temerosos, o quien llega para preguntar, para encontrarse con el rostro amable de la diócesis, …

Se trata asimismo de asumir cordialmente la cultura de la transparencia, de la rendición de cuentas, la responsabilidad, la honestidad que nos reclama la sociedad y que, en realidad, es un servicio de los valores del Reino. Crecer en transparencia, que todos conozcan lo que hacemos y que podamos demostrar nuestra profesionalidad es la línea que propongo transitar con intensidad.

Este curso pastoral tiene bastante de programático y de ir introduciendo los cambios que nos ayuden a cumplir mejor nuestra tarea. Los iremos desplegando con tranquilidad a lo largo del curso. Quiero que contemos con una organización eficaz, resolutiva, bien trabada y eficiente que nos ayude a cumplir la misión encomendada desde las claves de la doctrina social de la Iglesia.

– La quinta y última tiene que ver con el lugar en el que estamos: la capilla.

Si el centro de nuestra vida y de nuestro trabajo no es el Señor, todo sería un empeño voluntarista estéril que acabaría en catástrofe. O cuidamos nuestra espiritualidad y nuestra pertenencia o solo seremos un cúmulo apelmazado de tareas, áreas y equipos.

Si tenemos el centro en Cristo cuidaremos la oración que da sentido al trabajo, cuidaremos la eucaristía, y cuidaremos que contribuyamos a la comunión de la Iglesia, sabiendo que el Señor que nace está en el centro y es quien nos pide ser sus discípulos, juntos y con paso sinodal. Ese es el centro que nos da identidad.

Lo expresamos al rezar el ángelus cada día, o en nuevos momentos que tendremos este curso, como en un retiro que convocaremos en cuaresma para la curia o en otras oraciones y celebraciones que propondremos en Pascua.

III.- Termino como empecé. Gracias a Dios y gracias a todas las personas que componéis la Curia diocesana en sus diferentes niveles y contenidos.

Gracias por ser instrumento de la acción del obispo en nuestra diócesis. Gracias por cuanto apoyáis la misión del obispo y de todo el pueblo de Dios. Gracias por los desvelos, hasta por los malos ratos que los problemas causan. Gracias por ayudar a la Iglesia de Madrid a prolongar la presencia amorosa de nuestro Dios; de un Dios que se acerca como nadie había tenido la osadía de hacerlo; de un Dios que no nos hace la visita del médico, sino que ¡ha venido para quedarse!

Esta Navidad nace de nuevo Jesús entre los pasillos de la curia y nos hace más humanos y cuidadores de todo lo humano que es lugar de Dios.

Amigos, amigas: Muchas gracias a todos y muy FELIZ NAVIDAD para vosotros, vuestras familias y comunidades cristianas.

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