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Sigrid Undset podría ser elevada a los altares: se abre su causa de canonización

Monseñor Fredrik Hansen, obispo de Oslo, anunció la iniciativa durante la misa de Santa Sunniva en Selja. La apertura formal del proceso está prevista para este otoño

El obispo católico de Oslo, Fredrik Hansen, ha comenzado los preparativos para abrir una causa de canonización de Sigrid Undset, la novelista noruega convertida al catolicismo que en 1928 recibió el Premio Nobel de Literatura. El anuncio se produjo el pasado 8 de julio durante la misa de Santa Sunniva, celebrada entre las ruinas del monasterio de Selja, la pequeña isla noruega considerada cuna del cristianismo en el país y sede de su primera diócesis. Cientos de peregrinos católicos se habían reunido allí para la peregrinación anual.

Modelo de fe y de santidad

«Es mucho más que una escritora y premio Nobel. Para nosotros es un modelo de fe cristiana, de una vida vivida en la virtud y de búsqueda de la santidad», afirmó monseñor Hansen en su homilía. El prelado explicó que Undset «mostró una preocupación constante y concreta por los pobres», se entregó «al cuidado de su hija, a la defensa de la vida y de su santidad», y que, a través de sus libros, «ha formado a incontables creyentes, los ha impulsado a vivir en Cristo y ha dado testimonio de nuestros santos medievales».

Antes de hacer pública la iniciativa, el obispo sometió el caso a la Conferencia Episcopal Nórdica y a especialistas en la vida y obra de la escritora, tras constatar signos claros de culto y devoción hacia su figura. «En virtud de la autoridad que me ha sido confiada (Instrucción Sanctorum Mater, art. 21 §1), he iniciado ya el trabajo para que la causa de beatificación pueda abrirse formalmente este otoño», señaló Hansen durante la celebración.

Infancia, pérdidas y conversión

Sigrid Undset nació en 1882 en Kalundborg, Dinamarca, y creció en Noruega, donde su padre, el arqueólogo Ingvald Undset, le transmitió desde niña la fascinación por la historia y por la Edad Media que después impregnaría toda su obra. Perdió a su padre siendo aún pequeña, y esa ausencia la obligó a incorporarse pronto al mundo laboral: trabajó varios años como administrativa antes de poder dedicarse por entero a la literatura. Debutó como novelista en 1907. Como madre, afrontó también un divorcio doloroso, el cuidado constante de un hijo con discapacidad y la muerte de otro durante la Segunda Guerra Mundial. Ninguna de esas heridas la apartó de la búsqueda de sentido que ya recorría su obra: al contrario, fueron el terreno concreto donde maduró su fe.

Nobel de Literatura

Entre 1920 y 1922 publicó «Cristina, hija de Lavrans», la trilogía ambientada en la Escandinavia medieval que la consagró como una de las grandes narradoras del siglo XX y que la Academia sueca reconoció en 1928 con el Premio Nobel de Literatura. En su obra, el pecado, el deseo, la maternidad y la penitencia se tratan con un realismo poco habitual en la literatura religiosa de la época. Ese mismo año, tras convertirse al catolicismo el 1 de noviembre de 1924 —un paso que en la Noruega luterana de entonces resultaba casi excéntrico—, ingresó como laica en la Tercera Orden Dominicana, de la Orden de Predicadores, hoy conocida como Fraternidades Laicales de Santo Domingo, integrando la contemplación y el estudio propios de la espiritualidad de los predicadores en su propia vocación de escritora.

Tras su conversión no se retiró del mundo, sino que se implicó todavía más en él: fue una de las primeras voces noruegas en advertir contra el nazismo antes incluso de la ocupación alemana, y esa misma convicción la llevó al exilio en Estados Unidos en 1940, desde donde siguió denunciando públicamente el régimen y defendiendo la libertad de su país. Regresó a Noruega al terminar la guerra y murió en Lillehammer el 10 de junio de 1949, a los 67 años.

El camino hacia los altares

La apertura de una causa de canonización es un proceso largo, que puede prolongarse durante años. Cuando el proceso arranque formalmente este otoño, Undset pasará a ser «sierva de Dios», y la diócesis de Oslo abrirá la fase de instrucción, en la que se examinarán a fondo su biografía, sus escritos y los testimonios sobre su fama de santidad. De ahí puede llegar, si Roma lo confirma, el título de «venerable»; el siguiente escalón, la beatificación, exige además un milagro reconocido por intercesión suya, y la canonización, un segundo. Es un camino largo y con final incierto, pero es el mismo que ya han recorrido otros santos y beatos antes de subir a los altares.

Monseñor Hansen cerró su homilía pidiendo a los fieles que acompañen con la oración el camino que ahora se abre para la diócesis: «Como Santa Sunniva y sus compañeras, también Sigrid Undset debe ser para nosotros un modelo de vida en Cristo».

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