La Iglesia celebra estos días las Jornadas Europeas de Patrimoni. El patrimonio representa nuestras raíces y en Europa, como en gran parte del mundo, estas raíces son evidentemente cristianas. La Iglesia ha dejado y deja también hoy, su impronta en nuestra sociedad; lo ha hecho en los últimos siglos y lo hace todavía. No debe hacerlo desde una posición hegemónica, pero debe hacerlo sin tener que renunciar a estar presente también hoy en nuestra sociedad, haciendo presentes sus puntos de vista sobre tantos temas que surgen cada día, especialmente a raíz de las innovaciones tecnológicas que avanzan a un ritmo intenso. Da así una orientación a los creyentes, así como un punto de referencia a los que no lo son.
La propia dinámica de la historia provoca a menudo reacciones de ignorancia, de rechazo, adversas, cuando no contrarias al hecho religioso. Una institución con dos mil años de historia, que ha vivido dinámicas muy diversas a lo largo de estos siglos, es evidente que ha vivido momentos de todo, que algunas veces ha tenido una actuación acertada y otras no. También debe tenerse presente que juzgar con los parámetros actuales otros momentos de la historia no siempre nos ayuda a comprender determinadas actuaciones y situaciones.
Durante el Jubileo del año 2000 la Comisión Teológica Internacional nos decía que conviene poner una vez más de relieve que en todas las formas de arrepentimiento por las culpas del pasado, y en cada uno de los gestos conectados con ellas, su petición de perdón no debe ser entendida como ostentación de humildad ficticia, ni como retratos en el terreno de la caridad, de la cultura y de la santidad; sino que responde más bien a una exigencia de verdad irrenunciable, que, junto a los aspectos positivos, reconoce los límites y debilidades humanas de las sucesivas generaciones de discípulos de Cristo. (Cf. Memoria y reconciliación )
El patrimonio vinculado a nuestra tradición religiosa común es algo que no podemos ignorar y que es necesario preservar, porque forma parte de nuestra misma identidad. Un patrimonio que es material y que es también inmaterial, que está conformado en el ámbito cultural por el patrimonio artístico y por las tradiciones, que han ido formando una cultura que, quiera reconocerse o no, tiene unas raíces cristianas indudables.
Si no somos conscientes de ello, corremos el peligro de que la riqueza de este patrimonio sea reconocido por otros antes que por nosotros mismos.







