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Sor Clara Andreu, la monja mallorquina del siglo XVII conocida por sus dones sobrenaturales, será elevada a los altares

León XIV ha autorizado la promulgación de los decretos que reconocen las virtudes heroicas de esta religiosa jerónima del siglo XVII, en una resolución que también declara mártires a 20 sacerdotes de Ibiza y Formentera e impulsa cuatro causas internacionales.

Durante la audiencia concedida al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, el papa León XIV ha autorizado la promulgación de varios decretos que abren las puertas a futuras beatificaciones. Entre las causas aprobadas destaca la presencia de varios españoles, encabezada por una religiosa mallorquina de vida mística y un numeroso grupo de sacerdotes diocesanos que sufrieron el martirio en las islas de Ibiza y Formentera al comienzo de la Guerra Civil.

Una vida de obediencia, misticismo y entrega

La Sierva de Dios Clara Andreu y Malferit —nacida Bárbara Onofría—, monja profesa del monasterio jerónimo de San Bartolomé de Inca, nació el 4 de diciembre de 1596 en Palma de Mallorca, en el seno de una familia de artesanos, y quedó huérfana de madre durante el parto. A los siete años ingresó en el monasterio para recibir educación en el claustro, una práctica común de la época. Hablaba y escribía catalán mallorquín, tomó el hábito a los 12 años y profesó sus votos con 16 años recién cumplidos bajo el nombre de Clara.

A lo largo de su vida conventual asumió diversas responsabilidades: atendió la hospedería, fue maestra asistente de novicias impartiendo canto, lectura y escritura, y trabajó en la enfermería. Fue precisamente en este último puesto, en 1621, donde inició una profunda transformación espiritual y comenzó una experiencia mística con dones sobrenaturales que la acompañaría hasta el final de sus días.

Tras ser maestra de novicias, asumió el cargo de vicaria en 1625. Su fama trascendió los muros del convento y despertó críticas en la isla, lo que motivó una investigación del obispo de Mallorca a través de un fraile carmelita, cuyas directrices la Madre Clara acató con obediencia y humildad. Tras recibir una profecía sobre su rápida enfermedad, falleció el 24 de junio de 1628 con apenas 32 años. Su tumba sigue siendo hoy en día un destino de peregrinación.

El martirio de 20 sacerdotes en Ibiza y Formentera

El Papa también ha reconocido el martirio del Siervo de Dios Juan Torres Torres y 19 de sus compañeros, sacerdotes diocesanos asesinados por odio a la fe entre agosto y septiembre de 1936 en la diócesis de Ibiza. Este grupo de mártires representaba casi la mitad del clero local de la época —20 de 53 sacerdotes—. Los ejecutados fueron Juan Torres Torres, Antonio Tur Costa, Antonio Roig Guasch, José Tur Bennassar, Miguel Planells Tur, José Ramón Escandel, Sala Joaquín Cirer, José Riera Bonet, Antonio Cardona Vingut, José Torres Torres, Mariano Roig Marí, José Ferrer Guasch, Antonio Marí Torres, Ignacio Serra Riera, Antonio Ramón Orvay, Mariano Escandell Roig, Miguel Riera Bonet, Andrés Tur Tur, José Tur Ferrer y José Serra Ribas.

En el verano de 1936, las islas cayeron bajo control de las fuerzas republicanas, desatando una violenta ola revolucionaria que suprimió el culto y saqueó iglesias. Juan Torres Torres, líder de la Causa y el más joven, había sido ordenado apenas dos meses antes de su muerte y fue ejecutado tras gritar «¡Viva Cristo Rey!» el 7 de agosto. Ese mismo día, Antonio Tur Costa fue torturado y desfigurado antes de morir junto a su padre y hermano por negarse a blasfemar. Antonio Roig Guasch fue ejecutado en Sa Carrossa tras sufrir graves torturas. El resto de los sacerdotes fueron detenidos escalonadamente y encerrados en el Castillo de Ibiza. El 13 de septiembre, tras un atentado con bomba en la zona, se decidió la ejecución masiva de todos los presos. Sus restos reposan en la Catedral de Ibiza desde 1940. Aunque la certeza de su martirio fue inmediata, el proceso se detuvo deliberadamente durante décadas en un esfuerzo de reconciliación social y para evitar la instrumentalización política en una comunidad pequeña donde convivían víctimas y perpetradores, reabriéndose la causa finalmente en 2008.

Bélgica, Estados Unidos e Italia

Más allá de las fronteras españolas, los decretos han validado las virtudes heroicas de otras cuatro figuras de la Iglesia católica a nivel mundial. Entre ellos se encuentra el sacerdote belga Júlio María De Lombaerde (1878-1944), miembro de los Misioneros de la Sagrada Familia y prolífico fundador en Brasil de varias instituciones como las Hijas del Corazón Inmaculado de María. Asimismo, se ha reconocido la labor de la estadounidense María Teresa Tallon (1867-1954), fundadora de las Visitadoras Parroquiales de María Inmaculada, y de dos religiosas italianas: María Agnese Tribbioli (1879-1965), quien instituyó las Hermanas Pías Obreras de San José en Florencia, y María Petra Giordano (1912-2006), monja profesa de la Orden de los Predicadores que falleció en la localidad de Bibbiena.

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