La basílica de San Pedro acogió este domingo la Statio Cuaresmal, una antigua tradición a medio camino entre liturgia y devoción, durante la que se produjo la ostensión de la reliquia del velo de la Verónica
Este domingo, la basílica de San Pedro acogió la Statio Cuaresmal, una tradición que data del siglo IV, en la que se produjo un acontecimiento especial, que solo se realiza una vez cada año.
La estación cuaresmal es una antigua tradición romana, a medio camino entre la liturgia y la devoción, que se realiza en la ciudad eterna durante toda la Cuaresma. Esta práctica consiste en una peregrinación diaria a una iglesia diferente de la capital. El rito es fácil para el fiel: peregrinar hasta la Iglesia y allí se celebrará la misa y algún rezo especial, como las letanías de los santos o el rosario.
La palabra Statio es una palabra latina que significa «lugar de parada» o «estación», Esta práctica de piedad ya se realizaba en la Roma cristiana del siglo IV, en la que el Papa, junto con el clero y los fieles de la urbe, se reunían en una de sus iglesias y celebraban la Misa y hacían las oraciones de ese día. Esta Iglesia se llamaba «Iglesia estacional».
En este ambiente cuaresmal y de peregrinación, este domingo correspondió la Statio a la basílica de San Pedro. A esta celebración se unió, como decíamos antes, un evento único: la ostensión de la reliquia del velo de la Verónica.
Durante la oración, se mostró la reliquia desde el balcón de la columna que alberga la escultura de la Verónica. Esta tela, según la tradición, habría sido ofrecida por una mujer —Verónica: que hace alusión a «verdadera victoria»— a Cristo camino del Calvario, y en ella quedó impresa milagrosamente la faz del Señor. La tela está dentro de una bandeja cubierta con un cristal y metal, con algunas piezas de orfebrería para la veneración de los fieles una vez al año.
Eco del misterio de Cristo
La ostensión de esta reliquia es un eco del misterio de Cristo y de su Pasión. La reliquia se une simbólicamente a las otras tres reliquias que se conservan en las columnas que sostienen la cúpula de San Pedro. Estas son: La lanza de Longinos, que atravesó el costado de Cristo, como narran los evangelios; la cabeza del apóstol san Andrés, el hermano de Pedro; y un fragmento de la Santa Cruz, que santa Elena conservó y portó con ella a Roma.
Estas cuatro reliquias representan pilares de la fe cristiana: el martirio, la pasión, la testificación y el sacrificio, recuerdo vivo del testimonio de los primeros cristianos, custodiados en el centro de la fe.
Este evento extraordinario, con una gran carga emotiva, espiritualidad, belleza litúrgica y significado teológico, marca uno de los momentos más intensos de la Cuaresma de cada año, y prepara a todo fiel para adentrarse con el corazón más esponjado en el triduo pascual, momento eminente y principal de nuestra fe.








