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Tercera meditación de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana: la muerte interior y la vida eterna

El predicador de la Casa Pontificia aborda la incapacidad del hombre para ver la acción de Dios en el momento presente, una circunstancia que también es una oportunidad para una nueva vida

Roberto Pasolini, predicador de la Casa Pontificia, abordó en su tercera meditación de los Ejercicios Espirituales para la Curia Romana, que el papa Francisco está siguiendo por videoconferencia, la cuestión de la muerte interior, o lo que es lo mismo, la incapacidad del hombre para ver la acción de Dios en nuestra existencia.

«¿Por qué nos cuesta reconocer que la vida eterna ya ha comenzado? La Biblia sugiere que el ser humano, desde el principio, es insensible y hostil a la acción de Dios. Los profetas del Antiguo Testamento denuncian la incapacidad del pueblo para percibir las cosas nuevas que Dios realiza, mientras que el mismo Jesús, al constatar la incomprensión de sus oyentes, habla en parábolas. No se trata de simplificar su mensaje, sino de poner de relieve la dureza del corazón humano, cerrado a la posibilidad de una vida plena», afirmó Pasolini, según la síntesis facilitada por Vatican News.

En su reflexión puso de manifiesto que la muerte ya entró en el hombre con la cerrazón a Dios, que «nos impide percibir la vida como algo eterno que Dios quiere darnos». Recurrió al Génesis para explicarlo: «El Génesis nos habla de esta pérdida de sensibilidad a través de lo que la tradición ha definido como pecado original: el hombre, en lugar de acoger la vida como don, intenta controlarla, superando el límite impuesto por Dios. El resultado no es la autonomía prometida por la serpiente, sino un sentimiento de vergüenza y de desconcierto».

Una primera muerte interior que nos lleva, continuó, a intentar cubrir nuestras fragilidades «con imágenes, roles y éxitos, sin abordar el profundo vacío que nos habita». Pero, como recoge el relato, Dios no permanece indiferente y va a buscar al hombre: «Esto indica que la muerte interior no es el final, sino el punto desde el que puede comenzar un camino de salvación».

El otro ejemplo de Pasolini fue Caín y Abel: «Dios no interviene para impedir el fratricidio, sino que protege a Caín de su propio sentimiento de culpa. Esto demuestra que nuestra primera muerte no es un destino ineludible, sino una oportunidad para redescubrir la vida eterna como una realidad presente, no solo futura. Jesús mismo nos invita a leer las tragedias de la vida como oportunidades de conversión, no como signos de condena».

Por tanto, concluyó, Dios «no ve nuestra muerte interior como una derrota, sino como el punto de partida para una nueva existencia». Y recordó que el obstáculo para la vida eterna no es la muerte biológica, sino «la incapacidad para reconocer que ya estamos inmersos en una realidad que va más allá del tiempo, si elegimos vivirla con confianza y apertura a Dios».

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