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Transmitir con esperanza la alegría del evangelio

Esta semana quisiera invitar a todos a participar en el XIV Congreso Teológico Pastoral que tendrá lugar el próximo sábado, día 15 de junio, en el Seminario diocesano de Cáceres. Que nadie se sienta excluido de esta invitación, que nadie diga que no se le espera. Comenzábamos el curso en Cáceres y en Coria, los días 29 de septiembre y 8 de octubre respectivamente, insistiendo en la pertenencia de todos a la Iglesia. “Todos” significa que, si falta uno, estamos incompletos.

El lema del Congreso este año es “Transmitir con esperanza la alegría del evangelio”. Un Congreso que contará con dos ponentes de altura para situarnos con esperanza en la realidad que vivimos: Hermana María Granados Molina y Patxi Velasco Fano. La misión de la Iglesia es llevar el evangelio hasta los confines de la tierra, hasta los rincones más recónditos, hasta los últimos y los excluidos. El evangelio se transmite con testigos alegres que lo hacen vida. Y en esto estamos todos implicados: más que con palabras –que también–, estamos llamados a ser discípulos misioneros con nuestro compromiso en el proyecto humanizador del Reino de Dios en nuestra vida ordinaria, en la familia, en nuestro trabajo, en la vida pública.

La alegría es el testimonio cristiano más creíble. No se trata de un bienestar pasajero ni de una satisfacción efímera de deseos inmediatos. Al contrario, se trata de una alegría que no cede en las dificultades, que no se derrumba frente a las pruebas de la vida, que se funda en la fe y se nutre de la caridad. Es una alegría evangelizadora, que da testimonio de la presencia del Reino en construcción y en crecimiento entre nosotros, que confía en que los sufrimientos del momento presente no son de muerte sino de un nuevo nacimiento, que no son nada en comparación de la promesa de Dios.

La alegría cristiana tiene nombre de esperanza. Todos llevamos en nuestro interior la pregunta y la inquietud por el futuro, por el mañana. Sin embargo, no podemos dar la “respuesta” por nuestra cuenta porque no depende de nosotros. De nosotros depende solo la “apuesta”: en esta vida podemos apuntarnos a un funeral o a una boda, luchar por lo mejor con el riesgo de quedarnos en el intento o contentarnos con lo que venga resignadamente. La esperanza consiste en ir un paso por delante de la realidad, de lo que vemos, con la confianza puesta en Dios. La confianza en Dios nos permite mirar al futuro con esperanza: creer en lo que todavía no vemos, amar sin pedir nada a cambio y sin que nos hayan amado antes.

Esta alegría que nace de la esperanza es la que da testimonio de la fe en la vida de cada día. La fe no se puede transmitir como una enseñanza académica. Se contagia compartiendo la vida, con sus alegrías y tristezas. La fe es una forma de vivir, de situarse ante el futuro para dar respuesta a las preguntas que nosotros no podemos resolver por nuestra cuenta, y que es inexcusable afrontar de una forma u otra.

El Congreso teológico pastoral del próximo día 15 es como una clausura del año pastoral para las parroquias, cofradías, asociaciones y movimientos, religiosos, sacerdotes, catequistas… para todos. En la eucaristía del Congreso, además recibirán los ministerios laicales tres seminaristas en su camino hacia el sacerdocio. Son savia nueva para nuestra diócesis. De los laicos comprometidos y de las familias cristianas surgirán las vocaciones del mañana. Pidamos al dueño de la mies que envíe trabajadores a su Iglesia.

Con mi bendición,

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