La inminente visita del papa León XIV a España es, ante todo, un acontecimiento de gracia para nuestra Iglesia y para toda la sociedad. Sin embargo, hacer posible un encuentro de esta magnitud requiere un esfuerzo logístico, organizativo y económico de primer orden. Desde la comisión organizadora, asumimos este desafío no solo como una tarea técnica, sino como un verdadero compromiso pastoral.
La gestión de los recursos eclesiales debe ser siempre un reflejo de su mensaje evangélico. Por ello, la organización económica de la visita papal parte de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia y pivota sobre tres pilares innegociables: la responsabilidad en el uso de los recursos, la transparencia y el buen gobierno corporativo. La Iglesia no es una empresa, pero tiene la obligación de gestionar adecuadamente e implementar las mejores prácticas del ámbito profesional para mostrar el rostro de Dios de manera transparente y creíble.
Si bien el poco tiempo disponible está suponiendo un trabajo a contrarreloj y un reto para poder aplicar esos criterios generales de gestión, hay que destacar y agradecer la extraordinaria respuesta que estamos recibiendo por parte de empresas, instituciones, fieles y ciudadanos particulares. Desde que se anunció el viaje, hemos sido testigos de una ola de solidaridad que ilustra lo que supone, en la práctica, la comunión de bienes.
Desde el inicio, se está trabajando con el objetivo de que esta visita se financie con los recursos obtenidos específicamente para ella: donaciones dinerarias de empresas y otras instituciones, aportaciones en especie, donaciones de los fieles y personas de buena voluntad… Resulta importante destacar también, porque a veces se olvida, la aportación de los miles de voluntarios que van a entregar —muchos ya lo están haciendo— lo más valioso que tienen, que es su tiempo y sus talentos.
Por un lado, el tejido empresarial ha mostrado una sensibilidad encomiable. Numerosas compañías han querido sumar sus capacidades y recursos ofreciendo donaciones en especie, un apoyo que está resultando fundamental para reducir de manera significativa los capítulos de gasto. Por otro lado, conmueven las aportaciones de miles de fieles y particulares. Los pequeños donativos continuados reflejan la generosidad de tantos corazones agradecidos que quieren ser, cada uno en la medida de sus posibilidades, corresponsables a la hora de hacer realidad este acontecimiento histórico.
Desde el punto de vista financiero, se ha implantado un sistema de trabajo para que las necesidades de la visita se cubran con los recursos disponibles sin generar desequilibrios. Para asegurar la integridad de los fondos vinculados al viaje, se ha definido un proceso que aporta trazabilidad a cualquier movimiento económico, todo a través de una cuenta bancaria única que se ha habilitado exclusivamente para este fin. Esto permite mantener al margen la contabilidad ordinaria de las diócesis y que la visita pueda ser auditable.
En este sentido, dentro del compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas, se ha encargado una auditoría externa e independiente en tiempo real para que el proceso se vaya auditando conforme se desarrolla. Los resultados serán publicados al término de los trabajos, junto a una auditoría de impacto económico y social que pondrá en perspectiva la inversión realizada.
Para la ejecución de gastos, se han establecido distintas categorías, cada una con su propia casuística, contemplando también la vía de urgencia —por las limitaciones temporales— para los casos estrictamente necesarios. Los gastos intermedios, de más de 3.000 euros y hasta 75.000, exigen la presentación de al menos tres presupuestos en aquellos gastos en los que pueda haber concurrencia. Por su parte, los gastos mayores y especiales, aquellos a partir de 75.000 euros, deben pasar por un proceso de licitación —con su pliego correspondiente— y su posterior adjudicación por parte de la Mesa de Compras y Contrataciones.
Acoger al Sucesor de Pedro implica una gran responsabilidad colectiva. Asumimos esta labor organizativa con austeridad y rigor para que los recursos sean meros instrumentos, permitiendo que lo verdaderamente importante —los frutos espirituales de este encuentro— llegue a todas las almas.







