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Tres nuevos sacerdotes para nuestra diócesis

Queridos diocesanos de Alcalá de Henares:

El próximo día 25 de abril, en el contexto del Domingo del Buen Pastor y de la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, tendré la dicha de ordenar a tres nuevos presbíteros para el servicio de nuestra Diócesis. Se cumple así la promesa del Señor, por boca del profeta Jeremías: “Os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con saber y acierto” (Jr 3,15). Los tres diáconos que, Dios mediante, serán ordenados, Víctor, Esteban y Nicolás, llevan muchos años preparándose para este momento. Un día lo dejaron todo para ingresar en el Seminario. Allí han crecido como personas, para servir como pastores; han fortalecido su amistad con Jesucristo, configurándose con Él, como siervo, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia. Han dedicado largas horas a la oración, al estudio y a la práctica pastoral. Ahora, llega el momento de la imposición de manos y de la unción con santo crisma. A partir de su Ordenación, celebrarán la Eucaristía y podrán perdonar nuestros pecados. ¡Qué gran regalo! Animo a todos a participar en la Sagrada Ordenación, a las 11 horas, en nuestra Catedral Magistral “¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!” (Sal 126,3).

La Ordenación de presbíteros es la mejor manera de celebrar la Jornada Mundial de oración por las vocaciones. En su mensaje para esta Jornada, el Papa León XIV recalca la necesidad de la vida interior para escuchar la llamada del Señor. Dice el Papa que, para acoger la vocación, no son suficientes los “ojos del cuerpo”, se necesita la contemplación y la interioridad. San Agustín afirmaba que Dios es “interior intimo meo” (Confesiones, III, 6, 11). Dios está en lo más profundo de nosotros mismos. Cuando se convirtió, el Obispo de Hipona se lamentaba de no haber descubierto antes esta hermosa verdad: “¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando (…). Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo (…). Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera” (Confesiones, X, 27, 38).

Cuando tratamos con Dios en lo íntimo del corazón, la vida cambia. Es lo que le sucedió a San Agustín. Dios va encendiendo el fuego de su amor en nuestro corazón, y surge el deseo de corresponder entregándonos a Él. La vocación es un enamoramiento, un proyecto de amor y felicidad, que se descubre en el silencio del corazón. No es una imposición, ni un proyecto prefijado, es un deseo que Dios pone en corazón del que se deja interpelar libremente, en el diálogo oracional. Por eso, en la pastoral vocacional, es tan importante cuidar espacios de oración y de interioridad, para que los jóvenes puedan escuchar la voz del Señor. Dice el Papa León XIV, en su mensaje, que “sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo”.

El Papa también nos dice que la vocación no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, que debe ser cuidado y sostenido. En este proceso de maduración, es esencial la fidelidad al trato íntimo con el Señor, pero es también importante el cuidado de la vocación por parte del acompañante espiritual, la familia y la entera comunidad cristiana. La vocación nace y germina cuando nos tomamos en serio la oración por las vocaciones, cuando, desde lo profundo del corazón, pedimos al Dueño de la mies que envíe operarios a su mies (cfr. Mt 9,38).

En el siglo XIX una mujer protestante, Elisa Vaughan, contrajo matrimonio con un noble inglés, profundamente católico, y se fue a vivir a su castillo, que había servido como refugio para muchos sacerdotes católicos durante la persecución religiosa de la reina Isabel I. Al conocer las penalidades que habían sufrido aquellos sacerdotes, Elisa se convirtió al catolicismo y pidió fervientemente a Dios que le diera una familia numerosa y se fijara en sus hijos para que fueran sacerdotes. Tuvo catorce hijos, seis de los cuales fueron sacerdotes. Es conocida también la proeza de un grupo de madres, en un pequeño pueblo del norte de Italia, que iba a quedarse sin sacerdote por la falta de vocaciones. Aquellas madres decidieron juntarse para rezar por las vocaciones, tratando de fomentar en sus familias un clima de alegría y sana religiosidad. Al cabo de algunas décadas, se contaban 323 vocaciones a la vida consagrada, procedentes de aquel pequeño pueblo, 152 de las cuales eran sacerdotes.

La oración confiada es siempre eficaz. En su mensaje para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, el Papa León XIV nos dice: “Toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría”. Demos gracias al Señor que nos regala la vocación sacerdotal de los tres diáconos que serán ordenados presbíteros en los próximos días. Pidamos para que muchos jóvenes de nuestra diócesis escuchen la llamada del Señor y la sigan con generosidad.

Recibid mi saludo y mi bendición.

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