La Biblioteca de Autores Cristianos edita una obra en la que recoge, a través de 50 preguntas y respuestas, los momentos esenciales de la existencia de esta sierva de Dios que, además, es una breve guía de lo que es el Camino Neocatecumenal, que ella coinició con Kiko Argüello y el padre Mario Pezzi
¿Por qué sus padres decidieron llamarla Carmen? ¿A dónde fue al Colegio? ¿Cuáles eran sus notas? ¿Cómo era su relación con los chicos? ¿Conocía sus defectos? ¿Ejerció tras licenciarse en Químicas? ¿Qué ocurrió en las chabolas de Palomeras Altas? ¿Por qué amaba Carmen las Sagradas Escrituras? Estas son algunas de las preguntas que se responden en La sierva de Dios Carmen Hernández. Su vida y misión en 50 preguntas, un libro a cargo del matrimonio Charlie Metola e Isabel Banderas, de la primera comunidad neocatecumenal de la parroquia de Santa Catalina Labouré (Madrid), y editado por la Biblioteca de Autores Cristianos.
«Este librito está pensado para que aquellos que, en plena era digital, están perdiendo la buena costumbre de leer libros, por eso el formato es algo sencillos, con preguntas y respuestas que jalonan la narración. Las fotos no tienen más pretensión que la de refrescar el texto», se recoge en la introducción.
Cuando se cumplen, este 19 de julio, nueve años de su fallecimiento, cabe recordada la declaración de Kiko Argüello en la presentación de sus Diarios: «Pienso que tenéis derecho a conocer el corazón de Carmen, su inmenso amor a Jesucristo».
La obra comienza desde el principio, con el nacimiento de Carmen en Ólvega (Soria), donde recibió el Bautismo y la Primera Comunión. La Confirmación tuvo lugar en Tudela. Su madre, Clementa, se negó a llamarla como ella y decidió que su nombre sería el de Carmen, pues era muy devota de san Juan de la Cruz, cuya memoria se celebraba entonces el 24 de noviembre, el día del nacimiento de la sierva de Dios.
También se narra su paso por el Instituto de las Misioneras de Cristo Jesús, donde recibió una formación espiritual y teólogica muy sólida, aunque luego no fue admitida a los votos perpetuos.
Después de un viaje a Tierra Santa, su idea era irse a la misión, aunque no sabía que Dios tendría preparado en Madrid un encuentro, con Kiko Argüello, que cambiaría para siempre su vida y que, precisamente, la dispondría a la misión.
Tras un repaso por su dedicación al Camino Neocatecumenal, así como su amor a Tierra Santa y la Eucaristía, la obra recuerda los últimos años de su vida, con enfermedades que no impidieron su «trepidante ritmo evangelizador». También cuenta que está enterrada en el jardín del seminario Redemptoris Mater de Madrid, cuya tumba se puede visitar, aunque es conveniente concertar el día y la hora.
Y se concluye con una invitación: a pedir a Dios por medio de Carmen Hernández por las necesidades, sufrimientos o situaciones difíciles que cualquier persona, uno mismo o allegados, puede vivir.








