La muestra Símbolo: Luz de Nicea, en Córdoba, propone una inmersión histórica, teológica, estética y espiritual en el primer concilio ecuménico
La exposición Símbolo: Luz de Nicea ha registrado más de 32.000 visitas desde el 5 de abril, entre la admiración y la sorpresa de quienes en la primavera cordobesa pueblan la ciudad sin descanso. El arte contemporáneo establece un diálogo con obras de valor arqueológico y antiguo para ofrecer un itinerario pedagógico sobre la trascendencia del Concilio de Nicea, del que se cumplen 1700 años. Se trata de una apuesta promovida por la diócesis de Córdoba y patrocinada por el Cabildo Catedral que presenta el símbolo niceno como itinerario de hombres y mujeres que en la creación de obras de arte siguen transformando el mundo con una mirada creyente.
Esta disposición de piezas arqueológicas y obras contemporáneas ofrece al visitante una inmersión histórica, teológica, estética y espiritual en la mezquita-catedral; con un discurso narrativo dirigido a mostrar que el credo o símbolo que se compuso en aquella reunión proclama la fe en Jesucristo, que es la única luz capaz de iluminar la vida entera de los hombres de todos los tiempos.
Un total de 40 piezas componen la exposición, algunas muy pequeñas y otras de gran tamaño, dispuestas en dos partes; primero, para comprender qué se celebra y aportar explicaciones fundamentales de conceptos, además de instruir sobre el contenido e importancia de este aniversario. Después, el guion expositivo permite mostrar hasta qué punto la doctrina defendida y proclamada hace 1700 años, lejos de ser algo abstracto, se traduce, ayer, hoy y siempre, «en una vida llena de confianza, de fuerza, de caridad y de esperanza», explica Patricio de Navascués, comisario de la muestra.



Artistas y participantes
Esta es una exposición con piezas de valor infinito por su expresión material, como la cruz hecha con maderos de una patera donde murieron migrantes, conservada por los Franciscanos de la Cruz Blanca en Sevilla.
Con ella conviven obras de ejecución expresa, entre las que destaca la creación de un icono bizantino con el motivo del Concilio de Nicea, obra de Soledad Blanco, o la aportación de Blanca Muñoz, que con su obra Arcana, en acero inoxidable, hilo de oro fino, hilo metálico y mármol de Carrara, desvela la permanencia en su creación de un concepto: «Buscar la luz para atraparla». Lígia Rodrígues representa el Verbo encarnado con humanidad glorificada; y Benjamín Cano procede en su obra a una «lectura orante de la Sagrada Escritura, afectada por la actualidad de sus narraciones», como reza en el catálogo editado con motivo de la exposición.
Estas obras contemporáneas conviven con una réplica del sarcófago «dogmático» a escala natural. Se trata de un monumento de todo punto excepcional en el que quedó plasmada en piedra la fe profesada en Nicea. Y se integra en otras piezas de profunda significación social, como la maqueta que aportan los residentes de la Casa Familiar de los Hermanos de la Cruz Blanca de Córdoba.
Son piezas, por lo general, procedentes de artistas contemporáneos que han recibido el encargo de crear en el marco de esta exposición, como es el caso del sacerdote Vicente Molina Pacheco, que, con su radical estudio del color y las formas, presenta una obra de arte que quiere ser «como un reflejo de eternidad que nos hace ir más allá de nuestra propia limitación».
El instituto religioso femenino Iesu Communio, compuesto por 200 hermanas, trabajó en un signo de resurrección y vida, el cirio pascual de grandes dimensiones, que «pueda iluminar toda la existencia del hombre» (Lumen fidei), entre otras muchas aportaciones.
Contexto histórico
Córdoba fue sede imperial fuera de Roma y en el año 1300 ya eran muchas las comunidades cristianas aquí asentadas. Esta exposición es el reflejo de las discusiones y conflictos anteriores al Concilio de Nicea y la solución aportada por la reunión universal que alumbra un símbolo de fe, el Credo, con el que los cristianos afirman su fe. Ayer y hoy, aquellas afirmaciones siguen teniendo fuerza, siguen iluminando como Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero.
En Nicea, el lenguaje de la fe acerca de Jesucristo ganó en nitidez y perdió en ambigüedad. Los integrantes de aquel Concilio se valieron del lenguaje pagano y le otorgaron un significado propio al servicio de la fe: un ejemplo admirable de inculturación que podemos comprobar en Córdoba 1700 años después.
En el aniversario del primer concilio universal que reconoce la Iglesia, no fue la única reunión en la que tuvo un papel preponderante el obispo Osio, pero sí la más trascendente. Esta exposición tiene la singularidad de celebrarse en el lugar donde nació el obispo, una provincia que alcanzó en el siglo IV una relevancia significativa para el Imperio Romano, con la que Constantino tiene familiaridad, igual que con otras provincias del Occidente. Esta cercanía explica la notoriedad del obispo cordobés en los centros de decisión.








