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Un Vaticano en el corazón de Roma

En Roma, cerca del famoso Campo de Fiori, hay un edificio enorme cuyo balcón no se asoma a la fachada principal, sino a una lateral. Así lo quiso el cardenal Raffaele Riario Della Rovere, sobrino del papa Sixto IV, que encargó la Capilla Sixtina a un grupo excelso de artistas. En aquella época, el siglo XV, los pontífices eran entronizados en la catedral de Roma, la basílica de San Juan de Letrán, y se trasladaban en procesión hasta el Vaticano, su hogar, por las calles de la Ciudad Eterna. El tramo final del recorrido discurría por la misma calle por la que los romeros llegaban hasta la tumba del apóstol Pedro. Esa calle es via del Pellegrino, llamada así precisamente porque por esta vía caminaban los peregrinos hasta el Vaticano. Y peregrino entre los peregrinos era el Papa. Por eso, el balcón del Palazzo della Cancelleria no está en la fachada principal del edificio, sino en la lateral. De esta forma, el cardenal podía asomarse al paso del Pontífice por esta calle. Esta es una de las muchas historias que esconde este majestuoso edificio, el primero del Renacimiento construido en Roma.

Cancelleria hoy es un edificio extraterritorial perteneciente a la Santa Sede. Alberga tres importantes instituciones como son los tribunales de la Penitenciaría Apostólica, la Signatura Apostólica y la Rota Romana. Fue construido a partir de 1485 sobre la basílica paleocristiana de San Lorenzo in Damaso que, a su vez, se había levantado sobre un cementerio. Desde hace algunos años, su fachada necesitaba una restauración pues el edificio se encuentra en una zona con mucho tráfico. La Administración de la Sede Apostólica (APSA) se puso manos a la obra para llevar a cabo unos trabajos que se han prolongado durante tres años. A la APSA pertenecen un millón y medio de metros cuadrados de los que el 60 % está destinado a la actividad institucional, como el Palazzo della Cancelleria. «Para mí, administrar significa reconocer que existe un patrimonio que transmite belleza, cultura y emoción», explicaba durante la presentación a la prensa Nunzio Galantino, el hasta hace poco presidente de este organismo, que gestiona los bienes muebles e inmuebles de la Santa Sede.

«El Palazzo della Cancelleria es una colosal máquina de propaganda, porque no todo el mundo sabía leer, pero sí sabían ver las imágenes. No estamos en una sala, sino en un teatro», asegura, por su parte, la historiadora Claudia Conforti, mientras describe las pinturas que adornan estas imponentes salas estudiadas incluso para que la luz natural incidiera en los personajes y escenas claves de cada representación. En definitiva, Cancelleria era una suerte de palacio apostólico en medio de una zona cenagosa de la Roma medieval que comenzaba a dejarse atrás. Y así, se concibió como un edificio con vocación eterna como la propia urbe que lo acoge. 

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