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Voltaggio y el sufrimiento: el oxímoron del cristianismo

A priori, en la hoja de ruta de un hombre o una mujer de hoy no está dedicar la tarde del primer martes de otoño a escuchar a un biblista y un filósofo hablar del sufrimiento. ¿A quién se le ocurre? Quizá sí hacer scroll infinito —tomo la expresión de Almudena C. Domper— y liberar dopamina viviendo las vidas perfectas aparentemente de los otros.

Sin embargo, el salón San Isidoro, del edificio Sedes Sapientiae, casa de las editoriales y publicaciones de la Conferencia Episcopal, se llenó para seguir la conversación entre Ángel Barahona y Francesco Voltaggio, este último autor de En la tempestad, Dios. Sobre el dolor: entre la Biblia y la filosofía, editado por la Biblioteca de Autores Cristianos.

Quien tomó esta opción no se vio defraudado, porque la conversación fue una sugerente incursión en el misterio de Dios y del hombre, del sufrimiento de los justos, de la salvación que llega por la cruz y de la libertad.

Job fue una de las figuras centrales de la conversación, como lo es del libro ya citado, cuyo sufrimiento desproporcionado, explicó Voltaggio, rompe con las imágenes falsas e incompletas de Dios que había hasta entonces. Esas ideas de un Dios que castiga o justiciero cuando no hacemos lo correcto o que retribuye porque somos intachables.

Aunque hay verdad en que bien y mal tienen siempre consecuencias, cada una en su sentido, no funciona así. Y aquí es donde entra otro de los conceptos abordados durante la charla: la gratuidad. Porque es en el sufrimiento —una idea que también aparece en Platón— donde se manifiesta la gratuidad del hombre —que no sirve a Dios por conveniencia, esto es, para que le vaya bien o para no sufrir— y la de Dios.

Dios, que nunca nos abandona, como se repitió en muchas ocasiones durante la conversación, se revela de formas que a veces no podemos comprender. En los silencios, tan decisivos, en el caso de la música, como los acordes. Cuando Elías entra en crisis, Dios se manifiesta, dice la Escritura, con «voz de silencio sutil». Voz de silencio sutil.

«Dios no habla en la tempestad, habla en voz de silencio sutil», subrayó Voltaggio. Y dijo, con san Juan de la Cruz, que la fe es «entrar en la oscuridad» y con Giacomo Leopardi que «naufragar es dulce en este mar». Que Dios es todopoderoso porque el sepulcro está vacío. «El cristianismo es un oxímoron. Es el Dios hecho hombre», añadió. Como oxímoron es la invitación de san Pablo a «esperar contra toda esperanza».

La respuesta al sufrimiento, dijo el biblista italiano, está en el encuentro con Dios. Aunque también dijo que hay que medir bien las respuestas que damos a las personas que están sufriendo y tener en cuenta si ya han hecho un camino de fe o no. La clave es anunciar la esperanza, no dar respuestas ni juzgar, y ahí, el sufrimiento propio, que es inevitable, la propia experiencia, puede ayudar.

Porque Dios puede construir del sufrimiento una historia de salvación, pero lo hace, y aquí la última idea de la conversación, respetando la libertad del hombre. Dios es todopoderoso hasta que se pone delante del hombre y lo deja libre. Es tal el poder de Dios que deja libre al hombre hasta para negarlo. Y esto permite que el hombre lo pueda destruir todo.

Pero, de nuevo, la esperanza. No hay que perder de vista que Dios conduce la historia y que nunca nos abandonará. Es más, hará todo lo posible para salvarnos, cerró Voltaggio.

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