Queridos hermanos:
El sábado 16 de noviembre celebramos en Cáceres el XXX Aniversario de Proyecto Hombre Extremadura y de la Fundación Santa Bárbara para la lucha contra la droga y por la reinserción en la sociedad de personas excluidas por las adiciones. El sábado 29 de noviembre se celebrará la efeméride en la diócesis hermana de Plasencia.
Más allá de los logros de estos 30 años, que son tantísimos, llama la atención el protagonismo, la implicación y la iniciativa de la Iglesia en la lucha contra la drogodependencia con la convicción de que las necesidades de los demás, independientemente de su credo, son también preocupaciones y misión de los cristianos y de la Iglesia. En la primera presentación a los medios del programa del centro terapéutico, Mons. Santiago Martínez Acebes dijo: “Si uno quiere ser feliz, tiene que tener el corazón abierto a las necesidades de los demás”. Y simultáneamente, en la presentación de Cáceres, Mons. Ciriaco Benavente apostillaba que este proyecto responde al clamor de la sociedad dentro del compromiso de la Iglesia con los problemas del ser humano.
Me pregunto si hoy hubiéramos hecho lo mismo. En treinta años han cambiado muchas cosas. Hablamos mucho de una Iglesia samaritana, servidora de los pobres y para los pobres, que camina con el pueblo, pero quizás el proceso de secularización de la sociedad nos va encerrando más en nosotros mismos, nos concentramos en nuestros problemas. Quizás la secularización nos ha llevado a replegarnos, a la temida autorreferencialidad contra la que nos pone en guardia el Papa Francisco.
Pero no solo la Iglesia, sino la sociedad civil en general quizás va perdiendo iniciativa y liderazgo para enfrentar sus propios problemas. Delegamos en el Estado, en las instituciones públicas, en las subvenciones, en los servicios sociales que se han desarrollado enormemente –gracias a Dios–, pero quizás han hecho perder garra al compromiso ciudadano, al voluntariado, a la colaboración económica, a la sensibilización y a su traducción en los hábitos y comportamiento de la vida de cada día.
En el acto que tuvimos en Cáceres, dimos gracias por los excelentes profesionales que tenemos. Y quedó claro que la lucha contra la droga y el objetivo de la reinserción en la sociedad no es solo obra de profesionales por muy bien que lo hagan, sino labor conjunta de toda la sociedad, de las familias que arropan y apoyan, de los colegios que se comprometen en la prevención, de las empresas que dan una nueva oportunidad, de las parroquias que integran en la comunidad… de todos.
La droga y las adiciones destruyen vidas, especialmente de jóvenes, que caen en sus garras y malogran su futuro y sus posibilidades. Pero la atención a los jóvenes no se puede reducir solo a cuando caen en el pozo, sino antes y después. Es importante la formación, la información y la educación, el acompañamiento… Por cada uno que cae en las redes de las dependencias, quizás hay muchos que están en peligro y en situaciones de desamparo. Y no solo jóvenes, hay muchas personas, ancianos solos, mujeres sometidas a trata, niños explotados y abusados, migrantes rechazados y humillados… que viven infiernos en esta vida. Los mejores servicios sociales somos nosotros, una sociedad sana, que se preocupa por el prójimo, que se hace cargo, que no es indiferente ante el sufrimiento humano. Cuantos peligros habrá evitado una visita a tiempo, una valoración positiva, una palabra amable, un detalle no esperado, una cercanía o una acogida, un consejo oportuno, un acompañamiento en la vida… por no decir ya una amistad sincera, un compromiso solidario, un servicio desinteresado.
El nacimiento del Proyecto Hombre Extremadura y de la Fundación Santa Bárbara coincidió con la creación de la provincia eclesiástica extremeña de Mérida-Badajoz. Y de alguna forma es una primera manifestación de que queremos caminar juntos, con un proyecto común. Estas dos diócesis pequeñas de Plasencia y Coria-Cáceres se necesitan la una a la otra y, aunque la Vía de la Plata haga de frontera, esa división es invisible y ficticia para la gente: somos el mismo pueblo, con los mismos problemas e idénticas soluciones.
Proyecto Hombre y la Fundación Santa Bárbara son ya una realidad consolidada en Extremadura, fruto de la entrega, el esfuerzo y la ilusión que profesionales, voluntarios, familias y, sobre todo, usuarios han puesto en común a lo largo de estos 30 años. El mejor fruto de este aniversario es constatar que también hoy asumiríamos esta iniciativa, que sigue siendo necesaria y válida para hoy, y darle un nuevo impulso.
En nuestra diócesis Proyecto Hombre es un ejemplo de ese amor que la fe pone en práctica. Agradezco a los trabajadores su entrega y a todos los cristianos su apoyo.
Con mi bendición,







