Esta iniciativa de la Conferencia Episcopal Española se acerca este mes a las Siervas de María
El quinto Faro para la Esperanza de esta inspiradora serie lanzada por la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española en el marco del Jubileo 2025 está centrado en el testimonio de Sor Carmen Yoldi Cortés, religiosa de las Siervas de María, ministras de los enfermos.
Una vocación que, para ella, se concreta en los gestos de misericordia y amor de las religiosas, que son como «pequeñas luces en las noches de dolor», que pretenden ser «faros que iluminen la presencia de Cristo en los enfermos, que es la mayor de las esperanzas, que Cristo esté en ellos».
La misión de las Siervas de María, según Sor Carmen, va más allá del cuidado físico. Consiste en infundir valor y fe en los enfermos para que encuentren sentido a su sufrimiento. A veces, la tarea es simplemente rezar con ellos «para que encuentren la luz de comprender que la muerte no es el final».
Sor Carmen Yoldi profundiza en la raíz de su carisma, que ve en cada persona enferma a «Cristo sufriente». Por eso, para las Siervas de María, el cuidado no es solo una labor asistencial. «Cuando cuidamos a los enfermos llevamos a este Cristo en la retina, le vemos reflejado en los enfermos. Jesús se abaja, se pone de rodillas. Nosotras como Siervas de María, imitando al Señor vamos de puntillas a la cabecera del dolor, porque sabemos que tocamos tierra sagrada», relata con emoción.
Este cuidado, explica, se basa en el respeto a la dignidad del enfermo. Consiste en ponerse a su altura, «lavamos los pies físicos, pero también los pies manchados por las heridas de la vida». La paciencia, la comprensión y la bondad son herramientas esenciales para sanar un corazón «lastimado por la soledad, la rebeldía, las dudas, la tristeza, los temores…». El objetivo final es que la enfermedad no se convierta en un ancla, sino en un paso hacia adelante, donde el enfermo sepa que no está solo y que «la vida es un regalo de Dios».
Para Sor Carmen, la mayor recompensa es ver a un enfermo recuperar la paz, reconciliándose consigo mismo, con los demás y, sobre todo, «con Dios padre misericordioso». En su labor, la figura de la Virgen María es un modelo constante: «La Virgen es salud de los enfermos y vamos con ella a las asistencias». Su ejemplo les guía en los pequeños gestos que marcan la diferencia: «secar el sudor de la frente, un cambio postural, un apretón de manos, que el enfermo sienta que hay alguien a su lado, porque generalmente hay mucho miedo».
El testimonio de la religiosa concluye con una afirmación contundente y llena de gozo: «Yo no lo cambiaría por nada del mundo, he sido feliz, completamente feliz». Una frase que resume la plenitud de una vida entregada al servicio de los demás, en la que el dolor se transforma en tierra sagrada y el servicio, en una fuente inagotable de felicidad.








