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El español que marcó la misión de la Iglesia universal 

El sacerdote valenciano Juan Bautista Vives fue el artífice del Pontificio Colegio de Propaganda Fide, una institución dedicada a formar a los futuros misioneros. Se convirtió en brazo del Papa para llegar al mundo entero

de la Iglesia universal 

En el siglo XVI, Valencia dio a la Iglesia católica un pastor con un corazón misionero. A él se le debe la creación del seminario mayor del Dicasterio para la Evangelización, o lo que es lo mismo, el Pontificio Colegio de Propaganda Fide. Su intuición le repetía insistentemente que el Papa necesitaba sacerdotes que pudieran estar dedicados por completo a la misión en las tierras que no conocieran la luz de Cristo; sacerdotes que sintieran la urgencia de apacentar al rebaño por todo el mundo.

Se trata de Juan Bautista Vives, nacido en la ciudad del Turia en torno a 1542-1545. Con 40 años, recaló en Roma para desarrollar en la Ciudad Eterna una prolífica obra. El sacerdote estuvo vinculado al rey Felipe III, además de ser embajador de la primera embajada permanente del Reino del Congo en la Roma. En 1589, fue nombrado por Sixto V camarero secreto, y, en 1604, Clemente VIII lo hizo protonotario apostólico. Pero entre sus muchos empeños, uno estuvo siempre por encima de los demás: la intención de fundar un colegio sacerdotal que respondiera a las necesidades de la evangelización en el tiempo de reforma protestante. 

Juan Bautista Vives hizo así varios intentos en Roma antes de tener éxito en su empresa. En 1591 ya fundó una escuela de formación en su propia casa, en Via della Croce. Ese incipiente colegio duró más o menos ocho años. Fue un primer proyecto para acoger a fieles que procedían del protestantismo. Sin embargo, terminó de forma trágica, ya que nuestro protagonista se vio envuelto en un crimen sin tener culpa. Estuvo, incluso, encarcelado, aunque, finalmente, fue absuelto. 

Tras estas vicisitudes, el eclesiástico no se rindió y emprendió un segundo proyecto en 1603, que se extendió hasta 1609. Una nueva congregación, cuyos documentos fundacionales están recogidos en los Archivos de Doctrina de la Fe. Por ejemplo, allí se encuentran los estatutos y los nombres de los 12 miembros que formaron este nuevo colegio. Entre ellos, había un sacerdote japonés o un nieto de santo Tomás Moro. En este proyecto, los alumnos ya estudiaban otras lenguas, así como la historia y costumbres de los países a los que irían en misión. Con el paso del tiempo, el español comenzó a abrir las puertas de su casa a cada vez más interesados en la formación teológica. Tenía tal éxito, que levantó muchas suspicacias. Así que el Santo Oficio ordenó tajantemente lo siguiente: «Que se deje de hacer misión y que la congregación se cierre».

En cualquier caso, los sacerdotes no le abandonaron y se marcharon con él al Palazzo Ferratini, un edificio de tres plantas que el propio Vives compró a los herederos de Bartolomeo Ferratini de Amelia, y que será clave en toda esta historia. Pese a no contar con la aprobación vaticana, el sacerdote no depuso su idea y su misión. Siguió adelante, pero sin hacer tanto ruido. «El prelado español no dejó de creer en la posibilidad de un seminario o colegio para misioneros», aseguraba el cardenal Luis Antonio Tagle, proprefecto del Dicasterio para la Evangelización, en un encuentro en recuerdo de Juan Bautista Vives celebrado en la Iglesia Nacional Española de Roma, que alberga el Centro Español de Estudios Eclesiásticos, que está celebrando su 75.º aniversario.

Además del purpurado filipino, participaron en la conferencia el archivero del Archivo Histórico de Propaganda Fide, el padre Flavio Belluomini; y el padre Francisco Juan Martínez Rojas, miembro del Instituto Español de Historia Eclesiástica, que ofrecieron un completo recorrido por la vida y obra de Juan Bautista Vives.

Colaboración con Urbano VII

Como se suele decir, a la tercera va la vencida. La colaboración de Vives con el papa Urbano VII, y, por ende, con la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, será la que propicie el nacimiento del Pontificio Colegio de Propaganda Fide en 1627. Juan Bautista Vives formó parte desde el principio de esta congregación fundada por Gregorio XV en 1622. El español persistía en su idea de que era necesario acoger a los convertidos y formar a los futuros misioneros. Y confluyeron: Juan Bautista Vives quería su colegio, mientras que Propaganda Fide necesitaba una sede. En 1626, el sacerdote valenciano donó el Palazzo Ferratini al Papa y a sus sucesores. Vives quiso que en el acto de donación del edificio se especificara que se donaba para que se fundara un colegio con clero secular «con el fin de formar misioneros a disposición de la obra misionera universal». 

Así, en junio de 1627, Urbano VIII fundó el Pontificio Colegio de Propaganda Fide con la bula Immortalis Dei Filius en el Palazzo Ferratini gracias a la insistencia de Juan Bautista Vives, quien murió en 1632.

En 1633, Antonio Barberini, cardenal de San Onofrio y hermano de Urbano VIII, tuvo que ampliar el edificio, puesto que, habiendo comenzado con 25 alumnos, ya se había quedado pequeño para el gran número de futuros misioneros que asistían a este seminario. Tras su fundación, y durante 300 años, el Colegio de Propaganda Fide o Colegio Urbano se ubicó, junto con la Congregación de Propaganda Fide, en el Palazzo Ferratini, el histórico edificio situado en la romana plaza de España. En 1926, durante el pontificado de Pío XI, se trasladó al Gianicolo, primero a un edificio modesto y después a su ubicación actual.

Sin la clarividencia de Juan Bautista Vives, la obra de propagación de la fe no habría sido la misma. Dedicó toda su vida y fortuna a la formación misionera de la Iglesia. Desde entonces, el colegio y la congregación se convirtieron en los dos brazos del Pontífice para llegar al mundo entero.

Los Papas Borgia

Y mientras se empeñaba en ello, consiguió otras cosas importantes. Por ejemplo, a él se debe que los Papas Borgia, Calixto III y Alejandro VI, reposen en la Iglesia Nacional Española de Santa María de Monserrat. Ambos Pontífices descansaban en la antigua basílica vaticana, en continua remodelación. Fue Vives, como protonotario apostólico, quien pidió que se trasladasen dentro de la basílica a un monumento especial de mármol. Sin embargo, ante las incesantes obras, acabó pidiendo permiso al papa Pablo V para llevarse los restos de los Borgia a Monserrat. El traslado se produjo el 30 de enero de 1610. Y allí siguen 

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