«Este acto de violencia no solo priva a la comunidad de un pastor dedicado, sino que también silencia una voz profética que incansablemente luchó por la paz con verdad y justicia en la región de Chiapas, afirman los obispos mexicanos
Llegan noticias tristes desde México. Este domingo ha sido asesinado al padre Marcelo Pérez, incansable luchador en favor de los derechos humanos y la paz en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, un compromiso fundado en el Evangelio.
El sacerdote se dirigía en coche la Iglesia de Guadalupe, donde es párroco, cuando fue atacado. Llegaba desde otro barrio, donde también había presidido la Eucaristía.
La noticia fue confirmada por la Conferencia del Episcopado Mexicano, que ha expresado su más enérgica condena y profundo dolor ante el brutal asesinato: «Este acto de violencia, perpetrado al terminar la misa cuando el padre salía para continuar con sus labores pastorales, no solo priva a la comunidad de un pastor dedicado, sino que también silencia una voz profética que incansablemente luchó por la paz con verdad y justicia en la región de Chiapas».
En una nota firmada por el presidente, Rogelio Cabrera, se afirma que el sacerdote fue un ejemplo vivo del compromiso sacerdotal con los más necesitados y vulnerables. Una labor que «deja un legado de amor y servicio que perdurará en el corazón de todos aquellos a quienes tocó con su ministerio».
Con todo, los obispos mexicanos reclaman que se haga una investigación exhaustiva y transparente, que se implementen medidas para garantizar la seguridad de los sacerdotes y se redoblen los esfuerzos para combatir la violencia que sufre Chiapas.
«El padre Marcelo ha sido un símbolo de resistencia y acompañamiento para las comunidades de Chiapas durante décadas, defendiendo la dignidad, los derechos de los pueblos y la construcción de una paz verdadera. Su compromiso con la justicia y la solidaridad lo convirtió en un referente para quienes anhelan un futuro sin violencia ni opresión», explica en un comunicado la Compañía de Jesús en México.
En esa misma nota, rechaza cualquier intento de minimizar los hechos como «casos aislados», al tiempo que denuncia que el crimen organizado viene sembrando miedo y dolor en diversas regiones del país y que «Chiapas no es la excepción».
«La violencia en esta región refleja un problema estructural que demanda una respuesta integral y urgente del Estado», agrega.








