El Pontífice ha dejado a un lado el discurso que tenía preparado y ha improvisado unas palabras. Les ha pedido que no dejen de ir a las cárceles. Acompañaron a los futuros sacerdotes el arzobispo de Pamplona, Florencio Roselló, y el obispo de San Sebastián, Fernando Prado
«Ustedes van a recibir la unción sacerdotal y es para liberar cautivos, a cuantos están encadenados, sin darse cuenta. Encadenados por tantas cosas: por la cultura, por la sociedad, por los vicios, por los pecados escondidos». Con estas palabras, improvisadas, el papa Francisco se ha dirigido este sábado a los seminaristas de Pamplona y San Sebastián, a los que ha recibido con sus obispos, Florencio Roselló y Fernando Prado, respectivamente.
Así, les ha recordado que «un sacerdote es un hombre, un ser humano que quiere redimir, como vuestro arzobispo mercedario [Florencio Roselló], un redentor de cautivos; porque un sacerdote no puede ser otra cosa que una imagen viva de Jesús, el Redentor con mayúsculas».
De hecho, tomando el vínculo de Roselló con las prisiones —fue capellán y responsable nacional de la Pastoral Penitenciaria— antes de ser nombrado arzobispo, Francisco ha pedido a los seminaristas que no dejen de ir a las cárceles: «Por favor, vayan a las cárceles, vayan, comprométanse». Y les ha recordado que él, desde que es Papa, suele ir cada Jueves Santo a una prisión.
«Recuerdo que, en un lavatorio de los pies —era de mujeres la cárcel—, lavaba los pies de una mujer y cuando iba a pasar a la otra, me agarró la mano, se me acercó al oído y me dijo: «Padre, yo maté a mi hijo». Los dramas internos en la conciencia de los que viven en una cárcel. Cuando sean curas, vayan a las cárceles, es una prioridad. Y todos nosotros podemos decir eso que yo siento: ¿Por qué ellos y no yo?», ha agregado.
Así, además de visitar las prisiones institucionales para ofrecer consuelo y esperanza, también los ha animado a ir a las prisiones que encarcelan a los hombres y mujeres de hoy: «Las prisiones ideológicas, las morales, las que crean explotación, el desaliento,m la ignorancia y el olvido de Dios».
En el texto que había preparado, el Pontífice, al hilo de un texto de San Lucas, señalaba varios aspectos fundamentales en la preparación de los futuros sacerdotes: docilidad al Espíritu; hacer desierto para encontrar a Dios, dejando los lastres; no tener miedo a enfrentarse con la tentación de un ministerio idolátrico, buscando el poder material o el aplauso.








