El Dicasterio para las Causas de los Santos reconoce el «odio a la fe» tras las muertes de los cinco frailes franciscanos de Georgia y el asesinato de Lycarion May durante la Semana Trágica de Barcelona. La italiana Vincenza Maria Poloni será canonizada tras dar validez a su milagro
La Iglesia española continúa aportando sus frutos a la comunión de los santos. Según el decreto aprobado por el papa Francisco y promulgado por el Dicasterio para las Causas de los Santos a principios de semana, se otorga reconocimiento al martirio «por causa de la fe» de los siervos de Dios Pedro de Corpa, Blas Rodríguez de Cuacos, Miguel de Añón, Antonio de Badajoz y Francisco de Veráscola, frailes franciscanos asesinados por los indígenas de la provincia americana de Georgia durante la evangelización del Nuevo Mundo.
Pedro de Corpa fue golpeado hasta la muerte en 1597 por el sobrino de un caudillo local, quien la emprendió a hachazos contra el sacerdote cuando éste le recordó el compromiso adquirido en su bautismo de no tomar más de una esposa. Al calor de la sangre, los índigenas del pueblo Gual, que hasta el momento se habían comportado —según las crónicas— de manera más o menos pacífica, la emprendieron con los otros cuatro religiosos: Blas Rodríguez de Cuacos, sacerdote, fue torturado hasta la muerte; Miguel de Añón, también sacerdote, logró celebrar Misa antes de ser ejecutado, dejando constancia durante la misma de que perdona a sus asesinos; Antonio de Badajoz, hermano laico, ayudó a celebrar aquella Eucaristía y corrió la misma muerte que el cura; y Francisco de Veráscola, también sacerdote, fue ejecutado a hachazos dos días después que Rodríguez de Cuacos.
El avance de la causa, que fue promovida por la Iglesia de Savannah allá por 1981, ha sido celebrado por la Iglesia de los Estados Unidos, que cuenta con cinco nuevos Venerables, a la espera de la beatificación definitiva. Cabe recordar que, debido a que el martirio estuvo motivado «por causa del odio a la fe», el proceso no necesita de manera imprescindible que se reconozca un milagro para seguir adelante.
En idéntica motivación se ha sustanciado en el reconocimiento oficial al martirio del siervo de Dios Lycarion May, perteneciente al Instituto de los Hermanos Maristas, asesinado «por odio a la fe» durante las revueltas anticlericales de la Semana Trágica de Barcelona en 1909, bajo el único argumento de «ser religioso y ejercer su apostolado como educador cristiano». Conocido como un siervo solícito y valiente, dedicado a la educación cristiana de los niños, hizo la profesión perpetua en Mataró y, después, pasó los últimos 16 años de su vida en Cataluña.
El decreto promulgado por Causas de los Santos sí incluye el reconocimiento de un milagro, en este caso imputable a la intercesión de la beata Vincenza Maria Poloni, fundadora del Instituto Hermanas de la Misericordia. La italiana será próximamente canonizada, después de que se haya otorgado una evaluación favorable al milagro que estaba siendo investigado —la supervivencia y sanación de una mujer con numerosas complicaciones en la mesa de operaciones de un hospital de Los Ángeles, potencialmente letales por separado y, más aún, en su conjunto—.
En el documento, por último, se reconoce también la virtud heroica de María Ricarda de la Preciosa Sangre Beauchamp Hambrough, abadesa general de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida; del sacerdote diocesano Quintino Sicuro y de la laica Luigia Sinapi.








