¡Qué bonita es esta escena, Jesús! Tú te acercas en el trabajo de cada uno, te acercas ahí y ves a tus discípulos, los pescadores, lavando las redes.
¡Cómo me emociona! Subes a una de las barcas, te metes en su trabajo, pero quieres la intimidad, quieres la soledad. “¡Rema mar adentro, Simón, y echa la red para pescar!”. Y la reacción humana de Pedro: “Maestro, si estoy bregando toda la noche y no pesco nada… Pero bueno, echaré las redes por tu palabra”. Y la respuesta: cogieron cantidad de peces… que tuvieron que llamar a las otras dos barcas porque casi se hundían. Y cómo me emociona, Jesús, la reacción de Pedro —yo me identifico mucho con Pedro—: “¡Apártate de mí, que soy un pobre pecador! ¡Apártate de mí, que soy un pobre pecador!”.







