Recuerda que la esperanza no es optimismo, sino virtud que impulsa a la acción, a la conversión y al camino
El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, acaba de publicar una carta pastoral con motivo de la Cuaresma, un texto que es una invitación a la esperanza, en línea con el Jubileo que celebramos este 2025.
«El Jubileo es un tiempo para la conversión personal y comunitaria. La Esperanza se alimenta del perdón, la reconciliación y las relaciones basadas en el amor y la justicia. Este es un tiempo propicio para soltar las cargas del desánimo y abrirnos a la alegría del Bautismo, que nos hace discípulos y misioneros, expresando que Dios sigue llamándonos por nuestro nombre, ese que pronunciaron el día de nuestro Bautismo, recordándonos que somos parte de su misión. Pero la Cuaresma no tiene sentido si no pone su punto de mira en la Pascua», afirma el purpurado.
Tras afirmar que la esperanza nos invita a dirigir nuestra atención a las tres Personas de la Trinidad y a no olvidarnos de la Iglesia, señala los principales pecados, precisamente, contra la esperanza.
1- Confundir la esperanza con optimismo
«El cristiano es un ser esperanzado, más que un optimista. El optimismo parece a veces una invitación a mirar solo la parte positiva de la realidad. El esperanzado invita a mirar la realidad en su totalidad, pero sabiendo que la última palabra es de futuro y es de Dios».
2- Miedo al compromiso
«El miedo al compromiso por creer que Dios me quita mi tiempo o mis posibilidades. Es lo que el Papa Francisco llama la acedia egoísta».
3- Tristeza individualista
«Nuestra Esperanza es siempre y esencialmente también Esperanza para los otros; solo así es realmente Esperanza para mí» (Spe salvi 48). Por eso, el pecado nos encierra en prisiones de narcisismo y políticas partidistas. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien, ya no entran los pobres. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente, que brota de un corazón cómodo y avaro. Cerrarnos en nuestros espacios ahoga y nos hace perder de vista el camino de la misión de Cristo a la que se nos convoca».
4- Dejarnos arrastrar por la violencia y la polarización
«Son virus que llegan hasta nuestra Iglesia porque estamos viviendo en ese clima desesperanzador. Nuestro desenfocado amor a la iglesia puede, paradójicamente, volvernos estrechos de miras o mirar con ojos no evangelizados. Es doloroso que muchas veces la Iglesia sea herida por los mismos que aman a la Iglesia».
5- Alejarse de la cruz de Cristo
«La Esperanza cristiana no se basa en señales humanas, sino en Dios y su Promesa. Por eso, la Esperanza acontece siempre, de una u otra forma, ante el escándalo y la necedad de la cruz (cf. 1 Cor 1, 18), auténtica sabiduría y centro del misterio cristiano. Allí tendremos que acudir para entender y confiarnos a Dios».
6- Olvidar a los crucificados
«Dios se revela a los arrabales de la ciudad, en la cima de la montaña y fuera del campamento, muchas veces fuera de nuestro pequeño mundo eclesiástico. Los rostros de los que están fuera nos apremian y nos dejan a la intemperie».
7- Dejar de soñar según Dios
«Sabemos bien que la sociedad actual no es nuestro ideal. Somos ciudadanos de la tierra, pero con salvoconducto para el cielo pertenecemos a una sociedad nueva: hacia ella nos encaminamos. Nuestro peregrinar en Esperanza la anticipa de algún modo».
Propuestas de conversión
Junto a la denuncia de los pecados, el cardenal José Cobo hace propuestas para la conversión:
- Renovar el Bautismo: «Profundizar en la experiencia bautismal, especialmente en la perspectiva de la vocación al laicado».
- Ponerse a los pies de los crucificados: «Practicar la caridad y el servicio a los demás, visitando enfermos, acompañando a personas mayores, etc.».
- Hacer de los espacios de la Iglesia lugares de encuentro: «Intensificar los encuentros que visibilicen la pluralidad y la comunión, derribando muros y diluyendo polarizaciones».








