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Una reunión de familia

Roma está acogiendo esta semana el primer Encuentro de la Familia Agustino Recoleta

Los Agustinos Recoletos somos una familia. Una familia grande, antigua y viva. Esta semana, en Roma, he conocido a más de 40 hermanos y hermanas de todo el mundo. Hermanos que, juntos, formamos una familia que vive con la ilusión de ser una sola alma y un solo corazón orientado hacia Dios.

Este encuentro fue especial por muchas razones, pero sobre todo por ser el primero en el que se reúnen representantes de todas las ramas de la Familia Agustino Recoleta. Y me gustaría mencionarlos, aunque sea brevemente:

Nos reunimos los frailes de las cuatro provincias —provinciales, vicarios y delegados— junto con el Consejo General. Estuvieron también las presidentas federales de las Monjas Agustinas Recoletas de España y México, nuestros pulmones, que nos sostienen con su silencio orante y su entrega constante. También participaron las Misioneras Agustinas Recoletas, las Augustinian Recollect Sisters, las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús y las Agustinas Recoletas de los Enfermos. Todas ellas nos acompañan en la misión evangelizadora alrededor del mundo.

Como en toda reunión de familia, también hubo nuevos miembros: las Comendadoras de Santiago, que con más de 800 años de historia, se integraron hace un par de años en esta familia. Su Madre Federal, Sor Lucía, nos dijo una frase que aún resuena en mi corazón: «Llevamos muchos años solas. Ahora tenemos una familia».

El encuentro comenzó mucho antes de nuestra llegada a Roma. Todo partió de un mensaje del Prior General, donde nos recordaba que es fundamental «vivir internamente la sinodalidad propuesta por la Iglesia antes de promoverla externamente». Yo, por mi parte, tuve la alegría de colarme en este encuentro para animar la dinámica inicial utilizando la metodología LEGO® SERIOUS PLAY®. Con ella rompimos el hielo, nos conocimos mejor y compartimos, en clave sinodal, nuestras alegrías, retos y el peso de la misión de gobierno.

El miércoles 19 de marzo, solemnidad de San José, patrono de los Agustinos Recoletos, celebramos la Eucaristía en nuestro convento de Vía Sistina y ganamos el Jubileo peregrinando a la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Prior General recordó con fuerza: «No somos gestores de una empresa, sino custodios de corazones que Dios ha puesto en nuestras manos». También nos habló de san José como «un soñador con los pies en la tierra, capaz de acoger los designios de Dios con confianza».

Al día siguiente, el hermano Antonio Botana, religioso de La Salle, nos ayudó a profundizar en el gozo de compartir el carisma. Nos dijo que no podemos guardarlo solo para nosotros, y que ha llegado el tiempo de ser alumnos de los laicos, dejándonos enriquecer por su visión y experiencia.

El viernes nos acompañó Claudia Díaz, psicóloga mexicana y miembro de la Fraternidad Seglar Agustino Recoleta. Ella nos invitó a compartir la vida con las familias, a entrar en sus realidades y aprender desde allí. Por la tarde, Fray Javier Monroy y Fray Fabián Martín nos ofrecieron una panorámica sobre cómo actualizar nuestro carisma en diálogo con el mundo de hoy.

El sábado escucharemos al equipo de gobierno general de la Orden y, por la tarde, culminaremos el encuentro dando gracias a Dios a los pies de la Madre del Buen Consejo, en Genazzano.

Una conclusión que resuena entre todos los participantes es que estamos llamados a vivir y compartir el carisma como lo hicieron los grandes testigos de nuestra historia: a ser los Ezequieles Morenos, valientes misioneros; las Esperanzas Ayerbes, entregadas hasta dar la vida; las Marianas de San José, madres valientes para un mundo herido; los Alfonsos Gallegos que necesita la Iglesia, pastores del pueblo. Y, sobre todo, a dejar de ser solo maestros para convertirnos en alumnos, dispuestos a aprender de los laicos. Solo así podremos vivir de verdad como una sola alma y un solo corazón.

Como joven religioso, sacerdote y comunicador, he aprendido en estos días que nuestra familia es grande, y como ocurre en toda familia numerosa, siempre hay alguien nuevo por conocer. Para mí, ha sido un verdadero regalo poder acompañar a mi familia en estos días y comunicar al mundo el amor de Agustín.

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