El mismísimo Dr. Ramón y Cajal se deshizo en elogios sobre su persona
Considerado pionero en la dermatología, su estudio científico titulado ‘La lepra en Granada’ marcó un antes y un después en la historia de la medicina española. Benito Hernando de Blas Espinosa nació en Cañizar, provincia de Guadalajara, el 21 de marzo de 1846, donde su padre, Juan de Dios Hernando Cuesta, era cirujano, y donde él realizó sus estudios primarios. Los secundarios los llevó a cabo viviendo con su abuela materna en el Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara, obteniendo el grado de Bachiller en Artes, que finalizó con la calificación de sobresaliente y premio extraordinario. Después se trasladó a Madrid donde, acogido por su tío Pedro Espinosa, sacerdote de la parroquia de San Sebastián, estudió en la Facultad de Ciencias en la Universidad Central licenciándose el 25 de junio de 1866 con sobresaliente y premio extraordinario. Impartió clases en la Facultad de Medicina y además obtuvo el grado de doctor en la Sección de Físicas, también con premio extraordinario, el 21 de septiembre de 1867, licenciándose en Medicina en junio de 1869 y obteniendo un año después el grado de doctor, completando sus conocimientos asistiendo diariamente al Hospital Clínico de San Carlos. Un extenso estudio sobre su trayectoria profesional puede encontrarse aquí.
Se casó con la granadina María de Gracia Monge Moreno, de la que tuvo varios hijos, y debió de jubilarse anticipadamente, en 1908, por enfermedad. Impartió docencia durante 15 años en la Universidad de Granada. En el famoso cuadro de Francisco Pradilla sobre la rendición de Granada, realizado en 1882, Benito Hernando posó como sultán Boabdil. Al parecer sus hijos murieron y él enviudó antes de fallecer.
Inició su actividad docente reglada en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, entre 1866 a 1872, como ayudante de la cátedra de Química General. En 1872 obtuvo la Cátedra de Terapéutica, Materia médica y Arte de recetar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Su dedicación e interés por la dermatología le llevó a impartir en la Facultad de Medicina, de forma desinteresada y de manera libre en 1872-73, una Cátedra y Clínica Libres de Dermatología, entonces llamada de Dermatovenereología. También en 1872 se incorporó a la Real Academia de Medicina y Cirugía de Granada. En 1884 fue nombrado director del Hospital Provincial de Granada, siendo su comportamiento ejemplar al tiempo que muy arriesgado en la epidemia de cólera que se desencadenó. En 1887ocupó por traslado, la Cátedra de Terapéutica de la Universidad Central de Madrid, siendo nombrado en miembro de la Real Academia Nacional de Medicina.
Otra de las personas con quienes mantuve trato asiduo desde mi llegada a Madrid, fue don Benito Hernando, catedrático de Terapéutica, pocos años antes trasladado de Granada. Modestia excesiva, austeridad de costumbres, desprecio del lucro y de los vanos honores, devoción y afecto desinteresado hacia los amigos, eran sus más salientes prendas. No valía menos en el orden intelectual. Era Doctor en Ciencias y Medicina, carreras que estudió paralela y concienzudamente. Educado por un tío sacerdote, creía firmemente en Dios, pero creía también en la ciencia.
Si hay un país donde ciencia y fe se han dado cita ese es España, sin duda, y en personas concretas, como Benito Hernando.








